Señor Director:
Vivo hace más de 16 años en calle Alcántara, Las Condes, zona UV1 según el plan regulador: destino habitacional, con prohibición expresa de comercio masivo.
Hace tres meses supimos que una de las pocas casas que quedan en la calle sería habilitada como minimercado. Más de setenta vecinos recurrimos al municipio, que en principio nos dio la razón. Luego nos informaron que la patente solicitada era de Microempresa Familiar (MEF) y que no podían negarla.
La MEF, creada para que una familia genere sustento dentro de su hogar, tiene un origen indiscutiblemente noble. Pero lo que hoy funciona en Alcántara no se le parece: la casa fue remodelada íntegramente —incluido el antejardín— antes siquiera de que llegaran quienes la arriendan. Hay carga y descarga de camiones, afluencia permanente de público, despachos de delivery y salidas de vivienda bloqueadas, en una calle de un solo sentido ya saturada.
De microempresa familiar no tiene nada: es un supermercado.
Al indagar en nuestro caso, nos dimos cuenta de que esto no es un hecho aislado: es una práctica ya común en distintos municipios. El punto no es cuestionar la MEF, sino su uso como atajo. Si una figura pensada para el trabajo doméstico permite instalar comercio de escala mayor donde el plan regulador lo prohíbe, entonces el plan regulador deja de significar algo.
El Municipio, con pocas herramientas para esto.
Como dice el refrán popular, “hecha la ley, hecha la trampa”.
Mauricio Rodríguez Rozas
Vecino de Las Condes