Esta noche juega Universidad Católica en el Claro Arena ante O'Higgins. Será el primer partido en San Carlos de Apoquindo sin la presencia del exgerente deportivo José María Buljubasich, cuya cabeza fue entregada en bandeja de plata a los hinchas que cuestionaban la ausencia de incorporaciones para los octavos de la final de la Copa Libertadores y la segunda rueda del torneo.
Fue también una ofrenda a las tóxicas redes sociales y al sensacionalismo que prefiere sumarse al coro de los vociferantes antes que entrar en el análisis. El nuevo directorio de Cruzados SADP, encabezado por Matías Claro, mostró incapacidad para sostener un proceso institucional y deportivo, que encontró turbulencias inesperadas luego de ganar el grupo D de la Copa Libertadores ante Boca Juniors, Cruzeiro y Barcelona.
Podríamos hablar de una crisis de euforia o de crecimiento, pero no corresponde. Lo que observamos fue un directorio inexperto para soportar los vaivenes de un fútbol que cada vez expone de manera más brutal a los responsables políticos y administrativos. El canto contra los dirigentes, en el que se recuerda a sus familias, forma parte del paisaje de las tribunas sudamericanas frente a las frustraciones de un juego cada vez más mediático y exitista.
Los actuales regentes no lo soportaron y entendieron que con la salida del “Tati” la olla a presión se descomprimiría. Grueso error. En el momento del despido vino la evaluación del ciclo y hubo coincidencia, entre los protagonistas informados, del despropósito de la determinación.
Buljubasich no debía irse porque su trabajo en San Carlos de Apoquindo, a lo largo de 16 años, fue notable. Siete títulos nacionales (cinco torneos largos y un bicampeonato en 2016), una Copa Chile y cuatro supercopas ahorran cualquier discusión sobre la valía del otrora arquero, que mantiene además su récord de imbatibilidad, con 1.352 minutos en 2005.
Con menos recursos que Colo Colo y Universidad de Chile, el “Tati” hizo mucho más que sus dos tradicionales rivales, cuyas malas decisiones y zigzagueantes políticas deportivas los llevaron a pelear el descenso cuando la UC daba vueltas olímpicas. El pasaje a los octavos de final de la actual Libertadores es un mérito gigantesco, dada la envergadura de los rivales. No conozco a nadie que dijera que los pupilos de Daniel Garnero clasificarían y menos que liderarían su zona.
Estudiantes de La Plata, por plantel, presupuesto e historia, resultaba inabordable para Universidad Católica. En la medida que caían los soldados de Garnero, las opciones disminuían exponencialmente. El empate en La Plata generó ilusión, aunque la razón futbolística invitaba a pensar que la clasificación de la UC se emparentaba con la hazaña.
Este diario explicó en su edición del jueves los movimientos en la mesa directiva que horadaron la gestión de Buljubasich, con la presencia de Aníbal Silva como actor protagónico. En casi 30 años de vida pública-deportiva, no recordamos un éxito de Silva. Si a él se suma que la voz del scout trasandino Javier Furwasser (salió de O'Higgins porque no dio la talla cuando la familia Abumohor entregó mayor poder a sus funcionarios) es relevante para el presidente Matías Claro, el futuro de la UC es inquietante.