Es falso que en Chile haya poca innovación. Ese 0,4% del PIB en I+D, lejano al 2,9% de la OCDE, no captura la realidad. Contrariamente a lo que dice la cifra, existe un ecosistema activo, incluso boyante, con creadores tan osados como Jobs o Gates. Parto con ejemplos que sientan las bases del caso que termina por convencer de que hay gente que no llega a la NASA solo porque el país les ha ofrecido oportunidades mucho más rentables para emprender.
En el 2023, en la zona aledaña al barrio Meiggs, el Palo Alto del emprendimiento al que me refiero, los medios destacaron un caso extraordinario. “Montura de brackets por $50 mil” colgaba de un negocio ambulante a la salida de la estación de metro de la zona. ¿Brackets? ¿Quizás un error de traducción? No. Ahí, en la misma vereda, no solo se instalaban frenillos, sino también se hacía blanqueamiento dental. ¿Permisos y patentes? Chao. El visionario lo pensó y lo hizo. Avance tecnológico de otro nivel.
Hace poco pasé por ahí y no logré divisar el negocio. Quizás se reubicó más cerca de los toldos azules, a pasos del metro Unión Latinoamericana —coincidencia, dada la confluencia de nacionalidades—, zona donde yace, desde hace un tiempo, la propiedad intelectual. Allí la venta de ropa “de marca” florece casi sin contención. “Eso no es innovación, sino copia”, dirá usted. Tiene razón, pero concédame que vender esos productos a plena luz requiere capacidad inventiva, pieza clave del ecosistema en cuestión.
Y no olvidemos a un selecto y popular grupo de innovadores: millonarios influencers. Autos de lujo, inmuebles inalcanzables, todo gracias a rifas y redes sociales. ¿Quién lo hubiese creído posible? Imagine que incluso un miembro del clan dijo públicamente que los bancos no le daban ni tarjetas de crédito. Sin línea de crédito, ¡eso sí que es innovar! Tirón de orejas para la banca que no financió ese unicornio. Y hablando de animales, pero reales, no puedo evitar recordar a otro gran innovador: Pablo Escobar, y cómo nadie levantó una ceja cuando importó hipopótamos y jirafas para su zoológico personal.
Ahora sí, el ejemplo que no deja lugar a dudas: la innovación en Chile vuela. Un vehículo fue detenido en el aeropuerto por la policía y llevaba una herramienta tecnológica espectacular. Escondido justo sobre la patente trasera, un dispositivo elevaba y bajaba una diminuta pantalla que bloqueaba las dos primeras letras de la placa. Se activaba con un control remoto especial. Así, el vehículo era invisible a los pórticos y fotorradares. ¡Notable! La creatividad humana y la tecnología al servicio de las necesidades de las personas. Me imagino a los creadores puliendo el diseño, estimando demanda por el producto y vendiendo la idea para captar capital. Capos de capos. Ni Elon Musk se atrevió a tanto.
La aprobación de la Ley de Reconstrucción Nacional atraerá inversión. Sin embargo, me preocupa el impacto económico del anuncio presidencial de una ambiciosa agenda contra el crimen organizado. Tanto innovador que verá amenazado su patrimonio personal.