Señor Director:
Pareciera que en Chile ya no existe un punto de inflexión. Cada nuevo crimen nos estremece, genera indignación, declaraciones categóricas y promesas de que “esta vez sí” se actuará con firmeza. Pero pasan los días, la noticia desaparece y el país sigue adelante, mientras una familia aprende a vivir con un dolor irreparable.
En junio murió Alejandro, arrastrado por delincuentes durante una encerrona. La semana pasada, un joven de 23 años fue asesinado al intentar defender a su familia de un asalto. Cambian los nombres, cambian las circunstancias, pero el desenlace siempre es el mismo: víctimas inocentes, condena transversal y, poco después, olvido colectivo.
¿Cuánto más tendrá que ocurrir para que ese “basta ya” deje de ser una frase y se transforme en medidas concretas? Porque cuando un país deja de encontrar su punto de inflexión frente a la violencia, corre el riesgo de comenzar a acostumbrarse a ella.
Ingrid Vignolo H.