Señor Director:
Mi hija de ocho años trabaja más horas que yo. Se levanta a las 6:30, entra a clases a las 8:00, llega a la casa a las 17:00 y sigue con tareas hasta las 19:00. Doce horas y media entre que despierta y cierra el último cuaderno, cinco días a la semana. En invierno sale de noche y termina de noche. Si fuera un empleo, la ley no lo permitiría.
Cuando el Senado discutió limitar las tareas escolares, se citó un dato que debió detenernos a todos: el 27% de los niños chilenos entre 5 y 9 años presenta trastornos de salud asociados a lo escolar. Una proporción mayor que la de los adultos respecto del trabajo. El proyecto duerme desde entonces.
Los colegios defienden las tareas como “hábito de estudio”. La evidencia internacional dice otra cosa: en enseñanza básica no mejoran el aprendizaje. Y lo único que está demostrado que un niño de esa edad necesita para desarrollarse bien es exactamente lo que le estamos quitando: jugar.
No pido menos exigencia. Pido que la exigencia ocurra dentro de las nueve horas diarias que el colegio ya tiene a mis hijas, y que la tarde les pertenezca a ellas.
Rodrigo Pucci
Apoderado