Chile enfrenta una paradoja histórica. Mientras el mundo se prepara para un largo ciclo de alta demanda de cobre impulsado por la transición energética, la inteligencia artificial y los centros de datos, Codelco enfrenta elevados niveles de deuda y crecientes dificultades para financiar el desarrollo de sus enormes reservas.
Durante décadas el debate ha oscilado entre mantenerla íntegramente estatal o privatizarla. Existe, sin embargo, una tercera alternativa que puede generar mucho más valor para todos los chilenos.
La propuesta consiste en abrir Codelco a la Bolsa mediante sucesivos aumentos de capital. El Estado no vendería una sola de las acciones que hoy posee. Cada emisión significaría recursos frescos que ingresarían directamente a la empresa para reducir deuda, desarrollar nuevos yacimientos, incorporar tecnología y acelerar su crecimiento.
Con sucesivas emisiones, la participación estatal disminuiría gradualmente hasta alrededor del 50%, mientras el resto quedaría distribuido entre accionistas nacionales e internacionales. El Estado seguiría siendo el mayor accionista individual, pero la administración recaería en un directorio profesional elegido principalmente por los accionistas, sujeto a los estándares de eficiencia, transparencia y creación de valor propios de las grandes compañías abiertas del mundo.
La diferencia con una privatización tradicional es fundamental: el fisco no recibiría un solo peso. Todo el capital captado fortalecería exclusivamente a Codelco.
Existe, además, otra razón estratégica. Codelco posee probablemente la mayor cartera de pertenencias mineras aún no desarrolladas de Chile. Ese extraordinario patrimonio geológico representa una enorme riqueza potencial, pero permanece parcialmente inmovilizado por las limitaciones financieras de la empresa.
La apertura al mercado permitiría acelerar su exploración y desarrollo. Más aún, Codelco podría constituir sociedades para explotar proyectos específicos, aportando las pertenencias mineras y asociándose con inversionistas que aporten capital, tecnología y experiencia. En cada una de estas nuevas empresas Codelco conservaría siempre al menos el 50% de la propiedad, asegurando el control de los proyectos y multiplicando simultáneamente la capacidad de inversión.
Asimismo, la Bolsa permitiría descubrir el verdadero valor económico de Codelco. Hoy el mercado no asigna un precio a gran parte de sus reservas ni a su extraordinario potencial exploratorio. Una valorización transparente podría incrementar significativamente el patrimonio del Estado sin vender una sola de sus acciones originales.
Para resguardar permanentemente el interés nacional, el Estado debería conservar una acción especial con derecho a veto sobre decisiones estratégicas, como la venta de activos relevantes, fusiones que impliquen pérdida del control nacional, modificaciones del objeto social o cualquier operación que pudiera comprometer el patrimonio minero del país. La administración cotidiana correspondería al directorio, pero el Estado mantendría los resguardos necesarios para impedir decisiones contrarias al interés nacional.
No se trata de vender Codelco. Se trata de recapitalizarla, modernizar su gobierno corporativo y transformarla en un holding minero de clase mundial. Si esta transformación logra duplicar o triplicar su valor, el Estado seguiría siendo propietario de aproximadamente el 50% de una empresa mucho más valiosa que la actual. En otras palabras, una menor participación porcentual podría traducirse en un patrimonio muy superior para todos los chilenos.
El verdadero riesgo no es abrir Codelco al mercado. El verdadero riesgo es dejar pasar el próximo superciclo del cobre con una empresa que posee algunos de los mejores activos mineros del planeta, pero no el capital suficiente para desarrollarlos plenamente. El desafío no es privatizar Codelco, sino multiplicar su valor.
JORGE CLARO MIMICA
INGENIERO CIVIL E INGENIERO COMERCIAL