Señor Director:
Desde la Revolución Industrial, iniciada en Inglaterra entre 1760 y 1780, los progresos tecnológicos han venido obligando a las empresas a modelar la legislación social, el derecho laboral y la educación de acuerdo a sus necesidades.
La mecanización, facilitada por la máquina de vapor y más tarde por la electricidad, obligó a contar con obreros cada vez más calificados para que comprendieran globalmente su función. Las máquinas de oficina tenían igual efecto en el caso de los empleados. Ello llevó en 1849 al gobierno de Manuel Bulnes a crear las Escuelas de Artes y Oficios.
En 1911, el taylorismo obligó a contar con obreros más especializados por su experiencia en una función que por su formación. En consecuencia, en vez de formarlos se empezó a capacitarlos para realizar una función específica, lo que sociólogos americanos llamaron “analfabetos funcionales”.
La alta productividad lograda por obreros y empleados gracias a la experiencia adquirida operando máquinas, obligaba a las empresas a procurar mantenerlos. Ello indujo al gobierno del general Carlos Ibáñez a promulgar en 1931 el primer Código del Trabajo, que en caso de despido por necesidad de la empresa otorgaba un mes de sueldo por año de servicio, sin establecer un límite máximo de antigüedad.
Esto fue modificado en 1989 por el gobierno del general Augusto Pinochet, que estableció un tope máximo de cinco años. En 1993, el gobierno de Patricio Aylwin lo amplió a once.
Hoy, cada incremento de productividad destruye más empleos que los que crea. Mantener trabajadores que no se necesitan, o pagar una alta indemnización por despedirlos, tiene un alto costo para las empresas. Por ello, el Plan Más y Mejor Trabajo del Gobierno, propone reemplazarlo por un seguro pagado por el trabajador, como el actual Seguro de Cesantía. Eso crea cesantía. Lo lógico es hacer participar a los trabajadores en el aumento de los beneficios que la tecnología aporta a la empresa, manteniendo la remuneración y acortando cada vez más la jornada de trabajo. Eso permitiría mantener o aumentar la fuerza de trabajo, y al mismo tiempo hacer posible que el trabajador dedique mayor tiempo a la familia, o a su desarrollo personal.
Jorge Schaerer Contreras