Señor Director:
Una llamada de Trump al presidente de la FIFA bastó para levantar la sanción a un jugador norteamericano expulsado. A Rusia, en cambio, recién empiezan a levantarle las exclusiones que la tienen fuera de toda competición FIFA y UEFA desde 2022.
Es la misma FIFA: la que sostiene una exclusión política durante años y la que tuerce su propio reglamento en 48 horas por una llamada. En ambos casos, la política reemplaza al criterio deportivo y al reglamento para poner la pelota adentro o afuera.
¿Existe una naturaleza propia del deporte, autónoma de la política? ¿O el deporte de élite, convertido en espectáculo para las masas, fue siempre un territorio de poder que solo parece neutral cuando nadie influyente decide intervenir? Más que un hecho, la pureza de la pelota parece un relato conveniente: útil para el espectáculo, y útil también para quienes, cada tanto, descuelgan el teléfono para recordar quién manda.
Magdalena Price Elton