La portada del Financial Times (FT) del jueves recién pasado revela que el Presidente Donald Trump en el primer año de su segunda administración tuvo ganancias personales que se dispararon sobre los 1.000 millones de dólares, producto de negocios con criptomonedas y objetos de colección con su nombre, entre otros. La investigación del diario fue producto de la interposición de recursos éticos sobre las finanzas del Presidente.
Trump realizó más de 21.000 transacciones bursátiles el año 2025, lo cual el FT califica como “niveles sin precedentes”. El negocio de las criptomonedas ha sido particularmente lucrativo para Trump. No extrañó entonces que removiese de inmediato al presidente de la Securities and Exchange Commission (SEC) para nombrar a Paul Atkins, un entusiasta de las criptomonedas. A partir de entonces, la SEC cerró casos de fraude y violaciones de las leyes de valores de empresas de criptomonedas.
El portafolio de Trump está expuesto directamente a grandes compañías afectadas por sus políticas públicas. Por ejemplo, el mandatario compró 67 millones de Nvidia, 70 millones de Microsoft, 63 millones de Apple, 21 millones de Broadcom y 33 millones de Amazon. En el caso de Nvidia, el Financial Times indica que Trump ha discutido sobre la compañía en 31 eventos y la ha mencionado 19 veces en sus redes sociales.
Trump además ha obtenido ganancias millonarias en derechos de licencia de proyectos inmobiliarios en países con los cuales EE.UU. tiene activos lazos como Emiratos Árabes Unidos, Omán, India, Arabia Saudita, y Vietnam, entre otros. El Presidente ha generado ingresos por royalties de la venta de relojes Trump, libros de mesa de centro, una Biblia especial, y hasta por zapatillas y perfumes. Y Trump considera suyo el regalo de Qatar de un nuevo avión presidencial valorado en 400 millones de dólares.
El New York Times publicó en enero una estimación de los ingresos de Trump durante el primer año desde que retornó a Washington y que cifró, como mínimo, en 1.400 millones de dólares, muy por encima de lo que ingresaba a su conglomerado inmobiliario antes de asumir nuevamente la Presidencia. Trump rechazó la argumentación de que ha incurrido en un “conflicto de intereses”, declarando que “grandes instituciones” con las cuales no tiene contacto manejan sus inversiones.
Lejanos están los tiempos del Presidente Harry S. Truman quien después de servir como Presidente de EE.UU. entre 1945 y 1953 viajó en tren junto a otros pasajeros de regreso a su estado natal de Missouri a vivir con su modesta pensión del Ejército. Más tarde Truman expresó que no era aceptable “comercializar el prestigio y la dignidad de la Presidencia”. Su estrechez económica condujo a que, en 1958, el Congreso de EE.UU. aprobase la ley denominada “Former Presidents Act” para asegurar una condición económica digna para los exmandatarios.
En dictadura, los líderes corruptos usan la Presidencia de sus países para amasar fortunas, saqueando los tesoros nacionales. Entre los más conocidos están Ferdinand Marcos y su esposa, Imelda, de Filipinas; Suharto, de Indonesia, y Mobutu Sese Seko, de Zaire, hoy República Democrática del Congo. Sin ir más lejos, hay que recordar el escándalo de las cuentas millonarias de Augusto Pinochet, bajo nombres ficticios, en el hoy desaparecido Banco Riggs de Washington y en varios otros bancos internacionales.
Craig Unger en su libro bestseller “House of Trump, House of Putin”, afirma que el Presidente Vladimir Putin es de las personas más acaudaladas del mundo, habiendo acumulado según el Hermitage Capital Management —una firma de gestión de activos y fondos de inversión especializada en los mercados rusos— una fortuna de miles de millones de dólares invertidos en cuentas bancarias offshore, hedge funds, y condominios de lujo.
Claro, en el caso del Presidente de EE.UU., su acumulación de riqueza ha ocurrido en democracia. Nada de ello se ha hecho de manera furtiva, sino que los negocios se han realizado a plena luz del día y con publicidad. El Presidente empresario no ve nada raro en aprovecharse del cargo para enriquecerse. Por lo demás, una vez Trump dijo que no pagaba impuestos pues él es una “persona astuta”, y que podía matar a alguien en plena Quinta Avenida de Manhattan y no le pasaría nada.
Entretanto, el Congreso de EE.UU., de control republicano, mira pasivamente los negocios de Trump desde la Casa Blanca. Eso es lo que impera ahora en la Presidencia de la primera superpotencia del mundo.
Heraldo Muñoz fue canciller de Chile entre 2014 y 2018