Desde José María Villarreal (el primer “ministro de Hacienda” de Chile en 1814) hasta ahora, han existido ministros de Hacienda excepcionales, míseros, flojos y trabajadores, irresponsables y prudentes. Ha existido de todo. Como es obvio.
Probablemente, el exministro Grau está bastante abajo en la lista. Tal vez nunca debió ser ministro de Hacienda. Pero está lejos de ser el culpable de los pobres resultados del gobierno de Boric en materia económica. Y está lejos de muchos de sus correligionarios, algunos de los cuales planteaban terminar con los tratados comerciales, con “meterle inestabilidad” al país, o derechamente con decrecer.
Pero la acusación constitucional va. Y probablemente va a ser aprobada en la Cámara de Diputados.
“Cuando las personas que gobiernan se pegan un buen cagazo, tienen que pagarla”, dijo el excandidato presidencial Johannes Kaiser.
“Este no es un precepto constitucional, este es un precepto político”, dijo el excandidato presidencial Franco Parisi.
Flor de excandidatos. Tal vez futuros presidentes de la República, utilizando argumentos pueriles y completamente irresponsables.
En el libelo acusatorio se le acusa, entre otras cosas, de la “subestimación del déficit fiscal efectivo proyectado para 2026”. Y es cierto que ello ocurrió, pero incluso los más grandes economistas han equivocado profundamente sus predicciones. Solo basta recordar a Irving Fisher que poco antes del colapso de las bolsas de 1929 declaró públicamente que las cotizaciones habían alcanzado su nivel de máxima estabilidad. Perdió, no solo su reputación como economista, sino que todo el patrimonio familiar…
La economía es una ciencia social y está llena de predicciones erradas. Sus problemas tienen múltiples respuestas y dependen de muchos factores. A diferencia de la física y las otras ciencias exactas, la economía y los economistas hierran. Y a veces horrorosamente.
Eso no significa que haya buenos y malos economistas, buenos y malos gobiernos. Y tampoco exculpa al gobierno anterior de no haber escuchado las advertencias de que todo lo que pasó iba a pasar.
Pero una débil actuación como ministro no es razón suficiente para acusarlo constitucionalmente. Ella es una herramienta para usar en casos muy excepcionales.
Pero nada de eso importa a la política chilena.
Ya lo vivimos con Yasna Provoste, luego con Harald Bayer. Y de ahí en adelante, una verdadera orgía de acusaciones injustas, inmerecidas, innecesarias. Vendettas de un lado y del otro. Llevamos 17 acusaciones constitucionales desde 2018. Y es esperable que después de Grau venga Quiroz, y después de Quiroz, Boric. Y así en adelante, suma y sigue. Como si todavía fuéramos parte del virreinato del Perú.
El veredicto de la gente a la actuación del gobierno de Boric ya fue dado. La candidata del continuismo sacó apenas el 42% de los votos. Así se paga políticamente las malas actuaciones políticas. No con acusaciones constitucionales.
La derecha dura ha incentivado a la “derechita cobarde” a sumarse. El PDG vislumbra que acá hay puntos de rating y también se sumó. Así está la política chilena.
Más allá de si Grau se equivocó o no en las proyecciones, más allá de si los ingresos fiscales estaban mal proyectados, ninguno de esos factores significa un incumplimiento de la ley o una violación de la Constitución y, por lo tanto, no corresponde una acusación constitucional.
Grau no se saltó la Constitución. Quienes lo están acusando sí lo están haciendo.