El mundo estará mucho mejor si la dictadura jurásica de Irán —quizás la más sanguinaria del planeta— cae por un levantamiento interno en los próximos días o semanas. Pero si eso no ocurre y la guerra se estira meses o años, los grandes ganadores serán Rusia, China y Venezuela.
Para Rusia, las ganancias son clarísimas. El conflicto militar de Estados Unidos e Israel con Irán hizo que se dispararan los precios del petróleo, que es el principal producto de exportación de Rusia.
Esto le dará una bonanza económica inesperada al régimen de Vladimir Putin. El gobierno ruso había calculado sus ingresos para 2026 con base en un precio promedio del petróleo de 59 dólares el barril, pero a casi dos semanas de la guerra, el crudo ya superaba los 100 dólares.
La subida del petróleo también le permite a Rusia venderle más crudo a India y China, que buscan alternativas a sus compras de Irán.
Además, Rusia se beneficia, porque Estados Unidos está desviando recursos militares como misiles antiaéreos de Ucrania hacia Irán.
Washington tiene un arsenal limitado de estos misiles: cuantos más mande al Medio Oriente para interceptar los ataques iraníes, menos le quedarán para ayudarle a Ucrania a defenderse de los bombardeos rusos.
China también gana en varios frentes. A pesar de ser un gran importador de petróleo, China ha acumulado grandes reservas para casos de emergencia y puede comprarle más a Rusia.
Pero lo que más le sirve a Beijing es el desvío de la capacidad bélica de Estados Unidos hacia el Medio Oriente y el tener un nuevo pretexto para un potencial ataque a Taiwán.
China podría decir: “Si Estados Unidos atacó a Irán y a Venezuela, ¿por qué nosotros no podemos atacar a Taiwán?”. Para el régimen de China, Taiwán es una provincia que debe ser recuperada.
A la larga, China ve esta guerra como una distracción para Washington que le permitirá al gobierno chino concentrarse en tratar de ganar la carrera por la inteligencia artificial (IA).
En un hecho que pasó prácticamente desapercibido en la prensa occidental, mientras el mundo miraba las bombas en Irán, el gobierno de China dio a conocer el 5 de marzo su nuevo plan nacional para los próximos 5 años, centrado justamente en la IA.
El nuevo plan quinquenal chino, de 141 páginas, menciona la IA nada menos que 52 veces. Fija como objetivo lograr que la IA tenga una penetración del 70% de la economía china para el 2027, y del 90% para el 2030.
Comparativamente, la Estrategia de Seguridad Nacional de Trump, anunciada en noviembre, es un documento de 29 páginas centrado en la lucha contra las drogas y la inmigración ilegal que menciona la IA solo 5 veces. Trump había dado a conocer un extenso “Plan de Acción” para ganar la carrera de la IA en julio del 2025, pero no en el marco de un plan de seguridad nacional.
Venezuela también recibirá un salvavidas financiero si la guerra se prolonga. La subida de los precios del petróleo y las nuevas exportaciones a Estados Unidos le darán un respiro político a la dictadora interina Delcy Rodríguez.
Trump, que ha alabado repetidamente a Rodríguez, no parece tener ninguna prisa por poner en marcha un proceso de democratización en Venezuela. Tras el inicio de la guerra, es probable que esté aún menos dispuesto a sacudir el tablero político allí mientras Rodríguez le asegure el flujo de petróleo.
Por otro lado, Trump se ha referido repetidamente a la reciente operación militar de Estados Unidos en Venezuela como un modelo que quiere repetir en Irán y Cuba. Por eso, quizás piense que una apertura política en Venezuela en estos momentos podría poner en riesgo la estabilidad del país sudamericano y empañaría su propio mensaje sobre Irán.
En resumen, ojalá los ayatolás caigan pronto por el bien de la paz mundial, del pueblo iraní, y sobre todo de las mujeres iraníes que, por increíble que parezca, aún no pueden salir a la calle con la cabeza descubierta ni viajar al extranjero sin permiso de sus guardianes masculinos. Pero si esta guerra se prolonga, los que terminarán brindando serán Putin, Xi y Rodríguez.