Fue vertiginoso lo que ocurrió con Francisco “Paqui” Meneghini en la U. Pero al revés: lleva más tiempo procesar y comprender cómo fue que la “ultrapensada” decisión de Azul Azul de contratar al entrenador de 37 años se desmoronó en dos meses.
Es cierto: salvo pasajes, como en el 2-2 con Limache o lapsos del segundo tiempo con Colo Colo, la U de “Paqui” no dio el tono, el largo ni el ancho, rebajó sus galones respecto de 2025, perdió seguridad defensiva (sus laterales no retornan), volumen ofensivo y gol.
Meneghini pagó por los errores en la remodelación del plantel, que en su caso se traducen en la responsabilidad técnica de asumir las consecuencias de las salidas e incorporaciones de jugadores que la gerencia deportiva tenía resueltas antes de su llegada. Por diversos motivos, la U cambió de un plumazo a todos los delanteros de la campaña anterior. Y en su lugar contrató caro a Juan M. Lucero y Octavio Rivero, quienes hasta ahora no cuajaron. Un poco por el nivel colectivo, por el individual y principalmente porque han permanecido más en la enfermería que en el campo.
Sin perjuicio de esos cargos y de otros tantos, sigue sin respuesta la pregunta del inicio: ¿Tan mal lo hizo “Paqui” como para que lo despidieran luego de siete partidos? Está dicho que la campaña fue menos que mediocre, pero aun así el equipo marcha a cinco puntos del líder, solo perdió un duelo en seis fechas de torneo y se dio el gusto de vencer a domicilio a Colo Colo, un placer supremo para los azules que han disfrutado muy pocos entrenadores de la U.
Tiene lógica económica y deportiva suponer que Meneghini firmó su sentencia cuando quedó eliminado de la Copa Sudamericana a manos de Palestino, pero ¿estaría fuera hoy si José Cabero y el VAR cobran el penal —y la U lo convierte, claro— por la mano evidente de Pablo Parra en la agonía del duelo con U. de Concepción? Una mano flagrante a ojos de quienes nos asombramos con otros cobros referiles absurdos por ese motivo: la regla de la mano en el área es un despelote que nadie entiende. Se puede memorizar la norma, pero en la práctica se reduce al criterio (y descriterio) de los árbitros y del VAR, quienes, en episodios como el de Parra, agudizan la confusión.
Se recuerda esa jugada puntual por las consecuencias que tuvo y también porque encierra otro problema en la hebra de “Paqui”: el presidente de Azul Azul, Michael Clark. Esa noche, el DT y la gente de la U hubiesen esperado alguna palabra, una opinión, un descargo del jefe directivo frente a lo que llamaron un “despojo”. Pero Clark mantuvo su silencio sepulcral y una vez más evitó las cámaras y los micrófonos, se intuye, para no exponerse a que la prensa lo aborde por su delicada situación personal: la CMF lo sancionó con 65 mil UF de multa y 5 años de inhabilidad por su participación en el “caso Sartor”, fallo que Clark reclamó ante la Corte de Apelaciones en diciembre pasado.
El punto es que el timonel no salió a protestar la controvertida jugada ni a defender los intereses dañados de su equipo ante la potente tribuna que ofrecen los medios, en otra demostración palmaria de cómo su problema particular termina afectando a la U. Una lástima, además, porque nadie mejor que él para profundizar en el giro de las convicciones que expliquen llevar a “Paqui” en enero para despedirlo en marzo.
Felipe Vial
Editor de Deportes