El Mercurio.com - Blogs : Lo iliberal y lo posliberal
Cartas
Jueves 12 de febrero de 2026
Lo iliberal y lo posliberal
Señor Director:
Creo que Carlos Peña se equivoca al considerar que el problema de fondo es solo una cuestión político-institucional y no filosófica moral. Quizás el iliberalismo es una reacción frente a este liberalismo moderno —ajeno al liberalismo clásico, profundamente moral— que desemboca en un hiperindividualismo y creciente permisivismo moral. También puede ser un indicio de que nos encaminamos a una sociedad posliberal.
Los problemas abordados en la columna dominical de Carlos Peña son filosóficos morales. Así le reprocha al Presidente electo el considerar a la familia “el lugar primario y último de la existencia” y que juegue el rol principal en la educación. Asimismo, cuando considera que sus ideas son difícilmente conciliables “con la cultura de una sociedad abierta y plural, que reconoce amplios ámbitos de autonomía personal y sexual, formas culturales y diversas formas de vida familiar”. ¿Son estas acaso cuestiones institucionales? Y se muestra intrigado con la participación en el futuro gobierno de ministros supuestamente liberales (Undurraga, Grange, Pérez Mackenna) y se pregunta “¿qué hacen allí?”. Y ahora, en respuesta a mi carta, nos dice que “basta reparar en que la adhesión a las instituciones de una democracia liberal no significa ser liberal en un sentido filosófico moral”. Esa es, precisamente, la respuesta que esos ministros pueden darle.
La concepción liberal de la libertad “our own good is our good”, si bien en su momento estuvo en el origen de muchas conquistas relativas a la libertad de expresión, supresión de la censura y libre circulación de las ideas, en la actualidad requiere ser revisada ante graves problemas sociales de adicción a las drogas, la pornografía, los videojuegos y otros vicios, que producen esclavos y arrebatan la libertad. La libertad electiva tiene una intrínseca contextura moral. Tenemos que aceptar un marco previo a nuestras propias decisiones prácticas y las reglas del juego de lo que es bueno o malo no pueden ser establecidas de modo privado o individual. El mundo del bien y del mal no es un mundo creado por la propia voluntad. Al desvincular el ejercicio de la libertad de unos principios comunes y universales se corre un grave riesgo. Los criterios de elección que encauzan y aseguran que efectivamente se ejerciten y desarrollen nuestras capacidades y potencialidades son precisamente esos principios que hacen posible la excelencia individual y fortalecen la cooperación social.
Jorge Peña Vial