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Cartas
Domingo 11 de enero de 2026
“La gran feminización de la sociedad”
Señor Director:
Es evidente que escribir sobre cualquier teoría que desafía los consensos existentes tiene un riesgo, porque suele producir mucha rabia entre quienes están convencidos de su verdad como una pregunta cerrada. En mi experiencia, esto es más intensivo aún cuando se refiere a posibles diferencias en las habilidades entre hombres y mujeres. Tengo el convencimiento —y en esto ciertamente no estoy sola— que hombres y mujeres tenemos capacidades diferentes, sin que unas sean inferiores a las otras. Y es precisamente porque somos diversos que es muy importante que aquello que tenemos que es distinto sea aportado a las organizaciones de la sociedad.
El paper de Helen Andrews ha producido en Estados Unidos reacciones no muy diferentes a las de ComunidadMujer. Sin embargo, me parece de gran interés tratar de dilucidar los cambios sociales, y sobre todo culturales, que la expansión exponencial de la presencia femenina en todos los centros de poder necesariamente tiene que estar produciendo. Muchos de estos pueden ser de gran beneficio para el cumplimiento de los objetivos de algunas organizaciones, y pueden ser menos favorables en otras.
Tendría que tener una mente muy simple si hubiese querido sugerir que todos los males de la sociedad contemporánea sean atribuibles a la creciente participación femenina, los cuales, es más que obvio, son multicausales.
El vínculo que Andrews hace entre la cultura woke y la feminización de la sociedad sí me parece una proposición interesante y acertada. Lo que ha sucedido en las universidades norteamericanas, en términos de promover una cultura de creación de “espacios seguros”, de resistencia a teorías que contravengan la sensibilidad femenina, de cancelación de académicos cuyas ideas no se ajustan al consenso imperante, incluso de censura de textos y autores considerados “ofensivos”, ha sido por sobre todo el resultado de reacciones emocionales, no fundadas en argumentos racionales de grupos organizados femeninos.
He tenido el privilegio de incursionar en los más diversos centros de poder, en la academia, en el mundo empresarial, en los medios de comunicación, y en muchas organizaciones sociales. Nada más lejos de mi intención que querer impedir el avance de las mujeres en el mundo público. Pero sí estoy de acuerdo con Andrews en que estos avances no deben ser el producto de una ingeniería social, sino de una competencia justa; que no debe inclinarse la balanza en contra de los hombres a través de leyes, cuotas y promociones que no responden a una verdadera meritocracia.
Más que todo lo anterior, creo que en las ciencias sociales solo existen preguntas abiertas y que nunca debe haber obstáculos para revisar el sentido común imperante con argumentos racionales.
Lucía Santa Cruz