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Cartas
Martes 30 de diciembre de 2025
Una asimetría que es una realidad verificable
Señor Director:
Una nueva carta de la Comunidad Judía, titulada “Una pieza de relato unilateral”, vuelve a insistir en desviar la atención del despojo territorial sistemático y de la limpieza étnica que siguen marcando la historia contemporánea de Palestina, acusando a la Comunidad Palestina de Chile de manipular símbolos y forzar analogías. Como ha ocurrido en otras ocasiones, se evita deliberadamente abordar el asunto de fondo.
Nuestros familiares en Palestina, y nosotros en Chile, no tenemos conflictos religiosos ni simbólicos con el pueblo judío. Lo demuestran más de cien años de convivencia respetuosa y, en muchos casos, también amistosa. El conflicto no surge de relatos ni de identidades de fe. Surge de una ideología política de carácter colonial, que algunos denominan sionismo, y que ha sido revestida de pretensiones histórico-religiosas para justificar la creación de un Estado excluyente mediante el desplazamiento forzado de la población originaria palestina, la apropiación de sus tierras y la fragmentación permanente de su territorio, incluso en abierta contravención de resoluciones de las Naciones Unidas.
Desde 1948, cientos de miles de palestinos fueron expulsados de sus hogares; pueblos enteros fueron destruidos o renombrados; y se ha mantenido hasta hoy un sistema de colonización, anexión de facto y dominación sostenida por la fuerza. Ese es el núcleo del conflicto, y omitirlo no lo hace desaparecer.
Los muros, checkpoints y restricciones a la movilidad no constituyen una exageración retórica ni una metáfora interesada. Son hechos físicos, denunciados incluso por comunidades judías en el mundo y por destacados especialistas e intelectuales judíos, que han descrito la crueldad de un sistema permanente de control territorial y humano destinado a consolidar hechos consumados sobre una tierra ocupada. No se trata de medidas excepcionales o circunstanciales frente a episodios de violencia —que no compartimos—, sino de una arquitectura política diseñada para expulsar, confinar y someter.
Reducir esta realidad a un supuesto “relato unilateral” implica desconocer o relativizar una historia documentada de limpieza étnica y colonización, reconocida por historiadores, organismos internacionales y resoluciones de las Naciones Unidas. La ocupación y el despojo no son consecuencias inevitables de un conflicto abstracto, sino decisiones políticas concretas, sostenidas deliberadamente en el tiempo.
La Comunidad Palestina de Chile no busca imponer símbolos ni apropiarse de relatos religiosos. Busca contribuir, como chilenos y chilenas, a que nuestro país mantenga una posición de Estado basada en lo esencial: el reconocimiento de que un pueblo vive desde hace décadas bajo desposesión, sin soberanía, sin control de su territorio y sin igualdad de derechos.
Si se quiere debatir sobre unilateralidad, conviene partir por un hecho ineludible: quien controla la tierra, los recursos, las fronteras y la fuerza militar es el Estado de Israel, mientras que quienes son expulsados, confinados y privados de sus derechos básicos son los palestinos. Esa asimetría no es un discurso; es una realidad verificable.
Es precisamente esa realidad la que no puede seguir siendo esquivada si se aspira a un debate honesto sobre Palestina.
Maurice Khamis Massú
Presidente de la Comunidad Palestina de Chile