Poco eco —demasiado poco, en mi opinión— ha tenido la publicación del documento que establece una nueva Estrategia de Seguridad Nacional en Estados Unidos. En él, el Presidente Trump define los objetivos y medios que considera necesarios para mantener el liderazgo económico, militar y político de la principal potencia mundial. Aparte de identificar objetivos y medios, el documento establece prioridades, bajo el sabio principio de que enfocarse en todo es equivalente a enfocarse en nada. Es por ello que, junto con definir aquellos focos que resultan críticos para el desarrollo y la seguridad de Estados Unidos, al mismo tiempo se dejan de lado otros objetivos que en el pasado pudieron haber sido fundamentales, pero que hoy no necesariamente lo son.
Para sorpresa de muchos, Chile está en la lista de los países prioritarios. No lo está de manera explícita —nuestro país no es mencionado en el texto—, pero sí lo está como miembro del llamado “Hemisferio Occidental”, término utilizado para referirse a América, la zona geográfica de mayor relevancia estratégica para Estados Unidos. Por supuesto que hay muchas referencias a Asia —en particular China—, Europa y, en menor medida, el Medio Oriente y África, pero el lugar principal lo ocupa nuestro continente.
¿Cuáles son las razones para que América pase a tener una preponderancia tan grande para Estados Unidos? Según el documento, la independencia y la soberanía de Estados Unidos demandan evitar una presión migratoria desordenada, lo que requiere que el continente sea estable y esté bien gobernado. A su vez, esto exige que la región esté “libre de hostilidad de grandes potencias extranjeras”, así como evitar que estas “tengan o controlen activos estratégicos”. A buen entendedor, pocas palabras.
Más aún, el documento sostiene que Estados Unidos buscará socios estratégicos que puedan contribuir a la estabilidad de la región, ayudar a atacar el narcotráfico y la migración desordenada. Para ello, premiará a países que favorezcan esta estrategia, pero también trabajará con gobiernos que, difiriendo ideológicamente, compartan intereses y quieran trabajar conjuntamente. A buen entendedor, pocas palabras.
Las oportunidades para Chile de esta política son grandes, casi tanto como los desafíos. Un activo involucramiento de Estados Unidos en atacar regionalmente el narcotráfico —flagelo que amenaza seriamente carcomer nuestras sociedades— es una buena noticia, así como lo es su disposición a apoyar a gobiernos que colaboren en temas de interés general, como la estabilidad de la región y su desarrollo económico. Pero al mismo tiempo, es fundamental mantener la autonomía en las decisiones domésticas y, por cierto, cautelar las relaciones con otros países del mundo con quienes tenemos relaciones económicas importantes. A buen entendedor, pocas palabras.
Linda tarea para nuestra diplomacia.