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Cartas
Viernes 21 de noviembre de 2025
Boric cumplió su función
Señor Director:
El país comprendió que la izquierda juvenil dista de ser una coalición renovada y moderna. En realidad, sigue siendo profundamente conservadora en su visión. No ofrece más alternativa que insistir en viejas fórmulas: la aspiración de construir un paraíso terrenal desde ideas utópicas y constructivistas, de las cuales se consideran depositarios, pero que —como sabemos— rara vez terminan bien.
Para esa izquierda, el sentido común de la ciudadanía es casi un opio del pueblo. Utiliza las reglas democráticas para distorsionar —precisamente— la democracia y, si es necesario, validar la violencia, como ocurrió durante el llamado “estallido social”, con el fin de apropiarse del poder e imponer un proyecto refundacional. La historia es conocida. El resultado: un daño profundo al país y a la propia centroizquierda.
El domingo pasado ocurrió algo muy relevante. Por un lado, al no imponerse el comunismo —resulta insólito que la mejor carta de la izquierda sea una comunista—, podemos afirmar que prevaleció el sentido común, reafirmando, tal como en el plebiscito de septiembre de 2022, la vigencia del juego democrático. Por otro lado, gracias al impulso de Kast y Kaiser, se consolidó una nueva derecha, más segura de sus ideas, menos acomplejada quizás y mucho más confiada en la ciudadanía. Corresponde valorar también a Evelyn Matthei y su equipo, cuya experiencia, trayectoria y conocimiento los debiera posicionar como el puente natural entre generaciones.
Por último, dependiendo de los resultados de la segunda vuelta, si los ganadores logran articular una coalición amplia, actuando con altura de miras, podría emerger un gobierno que no solo permita reparar los daños y administrar, sino que al mismo tiempo impulse un proceso real de transformación.
Una nueva coalición gobernante, encabezada por Kast, junto al Congreso, tendría la oportunidad de encaminar al país hacia el progreso y el desarrollo pleno. Podría promover una senda virtuosa que combine libertad, dignidad, prosperidad y paz, sin exclusiones, y donde convivan todas las corrientes políticas razonables.
Ese proceso demandará equilibrio político y una mirada de largo plazo, idealmente más allá de un solo período presidencial. Quizás el referente más cercano en nuestra historia reciente sea el del Presidente Aylwin (1990-1994), cuyo liderazgo inauguró una etapa de reconstrucción institucional y crecimiento compartido.
Con Boric se cierra un capítulo. Los partidos tradicionales terminaron su mandato y el liderazgo lo ejerce una nueva generación no contaminada con el pasado. Se están abriendo las puertas de un Chile radicalmente distinto. Las perspectivas para la reconfiguración de la institucionalidad política, para avanzar diligentemente hacia un estado de desarrollo más pleno, no podrían ser más auspiciosas.
Nicolás Ibáñez Scott