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Editorial
Miércoles 15 de octubre de 2025
Economía: Un muy pertinente Nobel
Una mirada al trabajo de los galardonados puede ayudar a entender los errores que han estancado nuestra capacidad de crecer.
El Premio Nobel de Eonomía 2025 fue otorgado a Joel Mokyr (Northwestern University), Philippe Aghion (INSEAD y LSE) y Peter Howitt (Brown) por sus contribuciones al entendimiento de los mecanismos que hacen posible sostener el crecimiento económico durante décadas e incluso siglos. El primero recibió la mitad del premio de 11 millones de coronas suecas, mientras los otros dos académicos compartieron la otra mitad.
En esencia, el galardón de este año es un reconocimiento a una línea de investigación económica que ha permitido explicar y documentar las profundas y positivas transformaciones que pueden experimentar las sociedades que abrazan la innovación y la competencia. En efecto, mientras que aproximadamente hasta el siglo XVIII la historia de la humanidad se había caracterizado por un mínimo y oscilante crecimiento, a partir de la Revolución Industrial (1750-1830) hubo ciertas economías que lograron crecer sostenidamente en el tiempo; ejemplos fueron Inglaterra y los Estados Unidos. Ya en 1986 Robert Solow fue premiado con el Nobel por sus aportes a la comprensión del crecimiento económico, y Paul Romer (2017), por su contribución a entender el relevante papel del conocimiento y de las ideas en ese proceso. Sin embargo, la importancia de documentar y modelar cómo se desencadena el crecimiento económico sostenible y los mecanismos que le sirven de motores no había sido reconocida previamente por el Banco de Suecia, institución que entrega el mayor galardón en las ciencias económicas. El premio a Mokyr, Aghion y Howitt salda esa deuda.
Tal como lo describe el documento técnico que explica las contribuciones de los nuevos galardonados, en el centro de las investigaciones de Mokyr está el cómo la innovación se acelera cuando los avances científicos y el conocimiento práctico interactúan y se refuerzan. Sus textos describen, desde una perspectiva histórica, las distintas instancias en que esa virtuosa combinación ha permitido el progreso estable y de largo plazo de las sociedades. También insiste en la importancia de que el contexto social y cultural sea proclive a ese proceso. Así, por ejemplo, el período de la Ilustración habría sido clave para que se desencadenara la Revolución Industrial en Inglaterra.
Aghion y Howitt complementan el aporte de Mokyr poniendo el foco en la innovación como un motor del crecimiento en las economías modernas. Sus modelos matemáticos y analíticos profundizaron en el significado del emprendimiento, la competencia y la creación destructiva —término acuñado y explorado por Joseph Schumpeter en la primera mitad del siglo XX—, agregando además la importancia de contar con un ambiente regulatorio apropiado para fomentar ese proceso. Sus modelos demuestran las consecuencias macroeconómicas de tener los incentivos y un ambiente adecuados para potenciar transformaciones microeconómicas.
De esta forma, el Premio Nobel 2025 constituye un recordatorio de que el crecimiento económico de largo plazo es el resultado de un proceso que tiene muy poco de espontáneo. Las sociedades deben realizar esfuerzos para configurar reglas estables, un ambiente propicio a la innovación y un marco regulatorio que aliente el emprendimiento, mientras que culturalmente se potencia y valida la competencia como motor de progreso.
Para un país que durante tres décadas pareció avanzar precisamente en esa dirección, pero que hoy lleva más de diez años estancado, el Nobel 2025 representa la oportunidad de comprender que el complejo estado de nuestra economía es el resultado natural de errores de política. Chile, en los hechos y por muchos años, ha sido incapaz de implementar reformas que promuevan el crecimiento y, peor aún, una buena parte de sus dirigencias ha criticado e invalidado el mercado, la competencia y los incentivos como fuerzas de cambio. Esto, desafortunadamente, se ha plasmado en modificaciones a nuestros regímenes tributarios y a la institucionalidad en una variedad de ámbitos —desde la educación a la legislación laboral— en donde la innovación y el emprendimiento privado han sido desincentivados y el subdesarrollo estimulado.