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Editorial
Lunes 29 de septiembre de 2025
Nuevas convergencias políticas
El clivaje entre el Sí y el No del plebiscito de 1988 parece quedar definitivamente atrás.
El hecho de que solo 31 de 89 exministros de los gobiernos de la Concertación hayan declarado que votarán por Jeannette Jara en un reciente sondeo realizado por “El Mercurio”, es sintomático. Dos tercios de esos exsecretarios de Estado, en cambio, o no se han decidido, o anuncian un voto nulo, o derechamente optan por Evelyn Matthei.
Lo anterior, de alguna manera, es síntoma de cuatro elementos muy trascendentales para la política chilena.
En primer lugar, que el clivaje presente desde el plebiscito entre el Sí y el No de 1988 parece quedar definitivamente atrás. Si bien este ha sido el resultado de un proceso paulatino, el referéndum constitucional de 2022 jugó un papel clave en consolidarlo, transformándose tal vez en el principal eje ordenador del mapa político.
En segundo lugar, es evidente que hay un sector amplio de la centroizquierda que no está cómodo con la candidatura de Jara, no solo porque representa la continuidad del Gobierno, sino por la carga que significa militar en el Partido Comunista, dado su dudoso compromiso democrático (baste leer los cuestionamientos a la democracia representativa en las conclusiones de su último congreso). Las posiciones de la propia candidata han sido ambiguas y el distanciamiento que hoy muestra respecto de la dirigencia es de data demasiado reciente como para no despertar dudas en muchos.
En tercer lugar, al revisar el listado de quienes apoyan a Matthei, es posible observar cómo exlíderes históricos de la DC se sitúan hoy muy lejos de las directrices del partido. Nombres como Mariana Aylwin o René Cortázar apoyan a Matthei, mientras que una figura que aún mantiene su militancia, como Andrés Zaldívar, en lugar de alinearse con la candidata oficial, prefiere no pronunciarse. Ello ayuda a entender la debacle de esa colectividad, resultado de abandonar sus principios doctrinarios y su propia historia.
En cuarto lugar, finalmente, empieza a observarse una convergencia entre quienes tuvieron posturas antagónicas en el pasado, como Chile Vamos y una parte de la centroizquierda. El fenómeno no es solo chileno: son varios los países europeos donde la vieja centroderecha y la socialdemocracia han terminado pactando para ofrecer moderación y gobernabilidad en un mundo polarizado.
Faltan dos meses para las elecciones y el resultado sigue abierto. Los fenómenos que han marcado esta campaña, sin embargo, obedecen a factores que pueden proyectarse en el tiempo. El rebaraje de la política chilena, impensable durante décadas, parece haber llegado para quedarse.