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Editorial
Sábado 13 de septiembre de 2025
Asesinato político en EE.UU.
Es la posibilidad de convivir entre quienes tienen valores distintos lo que en definitiva está bajo amenaza.
La violencia política es una amenaza a nuestras libertades y al diálogo público que alimenta la vida en comunidad. Por eso es tan grave el asesinato de Charlie Kirk, un joven activista estadounidense cercano al Presidente Trump, pero quien buscaba promover el movimiento conservador más allá de una persona en particular. Su interés era proyectar el futuro de su país. Entendía que, para ello, debía estar contrastando sus ideas en distintos espacios. Por eso, su agenda era intensa y, si bien se concentraba en el mundo universitario, no rechazaba escenarios ni interlocutores. Así logró una influencia en los jóvenes destacada por partidarios y contradictores: no fue el único factor, pero la buena votación que logró Trump en ese segmento tiene en su figura una explicación. En definitiva, más allá de lo que se piense de sus ideas, su forma de defenderlas, al apostar siempre por el diálogo y la persuasión, era valiosa para la vida democrática.
Su asesinato lleva, sin embargo, a preguntarse si esa aproximación al diálogo público sigue siendo posible en Estados Unidos. Hannah Arendt sostenía que la buena política y las libertades son inseparables de la palabra y la acción colectiva, y que la violencia política destruye esa posibilidad. En el país del norte cada cierto tiempo emerge dicha violencia: cuatro expresidentes han sido asesinados y seis atacados. En los últimos quince meses se ha intentado asesinar al propio Trump y también se dio muerte a una legisladora demócrata en Michigan, entre otros actos violentos. El país está enfermo, han insinuado comentaristas, mientras la polarización alcanza grados abrumadores. De hecho, la antipatía de los simpatizantes de un partido hacia los simpatizantes del otro ha llegado a niveles del 60% en los estudios de opinión pública. Hace tres décadas, esta proporción bordeaba solo el 20% (Pew Research Center).
Una forma de evitar la polarización es enfrentar la discusión y plantear los argumentos controvertidos abiertamente. Es lo que intentaba Kirk. Que ello ocurra con frecuencia es positivo para una sociedad democrática. Contribuye, finalmente, a comprender el pluralismo de visiones que existe en toda cultura moderna y compleja. La diversidad de argumentos y la voluntad de contrastarlos aporta a la reducción de la polarización antes que a su aumento. Es la negación del otro, la falta de reconocimiento de sus posturas, la cancelación y las superioridades morales en el discurso público el combustible que enciende la polarización. Por eso, el daño a la cohesión social que puede provocar este asesinato es enorme. Supone negar el diálogo y de alguna forma cancelar a todos quienes compartían visiones con Kirk. Tal es un camino que debilita la democracia y la posibilidad de vivir en comunidad entre personas que tienen valores distintos. Es el propósito de la violencia política y por eso este acto debe recibir la condena más absoluta.