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Editorial
Miércoles 25 de junio de 2025
Los mercados y la guerra Israel-Irán
A la luz de lo ocurrido con la bolsa norteamericana y con el precio del petróleo —y contrariamente a lo que se temía—, la intervención de EE.UU. parece estar siendo percibida como mitigadora de un conflicto mayor.
El conflicto entre Israel e Irán ha generado grandes incertidumbres geopolíticas y económicas, en un contexto mundial que ya era de suyo complejo producto de la guerra comercial iniciada por la administración Trump. Pero ha sido el involucramiento de Estados Unidos en Medio Oriente, al bombardear tres instalaciones de enriquecimiento de uranio, lo que ha alimentado las mayores interrogantes respecto del alcance que pueden tener el enfrentamiento bélico y sus consecuencias.
Sorpresivamente, sin embargo, la reacción de los mercados no ha agudizado —como se temía— muchas de las tendencias de caídas en activos riesgosos, sino que más bien ha venido acompañada de un impulso en la bolsa norteamericana, una caída relevante en el precio del petróleo y un importante fortalecimiento de la moneda israelí. La interpretación de estos movimientos no es fácil, toda vez que, de acuerdo con las previsiones iniciales, la intensificación del conflicto en Medio Oriente debía, en teoría, haber conducido a un aumento en las primas por riesgo accionario —cayendo sus precios—, un alza significativa en el precio del petróleo y un debilitamiento del shekel, considerando los riesgos geopolíticos de esta escalada.
Pero, al contrario de esas proyecciones, la reacción observada en los mercados sugiere que la intervención de Estados Unidos el pasado fin de semana ha sido vista más bien como mitigadora de un conflicto bélico mayor. Esto, tanto porque reduce las posibilidades de que Irán avance en su programa nuclear, como por el (silencioso) apoyo a su acción que encuentra en los países árabes, los que ven con preocupación la carrera nuclear emprendida por Teherán. En este sentido, la operación “Martillo de medianoche” lanzada por el gobierno de Donald Trump parece estar siendo interpretada como una señal tranquilizadora en la región, por lo menos en el corto plazo, y, más aún, mientras se sostenga la frágil tregua entre los beligerantes anunciada por el mandatario estadounidense el lunes. El hecho de que Teherán se muestre dispuesto a retomar las negociaciones sobre el tema nuclear refuerza esta percepción.
Lo ocurrido da cuenta de lo difícil que resulta en la actualidad anticipar las reacciones y la forma en que los mercados interpretarán diferentes sucesos, toda vez que existen movimientos y tendencias cuyo análisis inicial puede terminar evidenciándose muy equivocado. En este caso, la preocupación de China por no agudizar este conflicto —motivada por su dependencia del petróleo— y las evidentes incapacidades de Rusia para asumir un rol más activo en este momento sugieren que la acción norteamericana habría conseguido ponerle un límite al escalamiento de la guerra.
Es en este escenario que se hace más evidente el apresuramiento de reacciones como la del Presidente Boric frente a estos hechos, incorporando —como se aborda en esta misma página— riesgos innecesarios en nuestras relaciones exteriores. Más aún, su ánimo de aproximarse a los BRICS, donde China y Rusia juegan un papel protagónico e Irán ha tenido una presencia creciente, arriesga que Chile sea percibido como cercano a un grupo de países al cual —justamente a la luz de los mismos principios democráticos y de defensa de los derechos humanos que el mandatario declara privilegiar en su manejo internacional— no pertenecemos.