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Editorial
Lunes 14 de abril de 2025
Europa, a la defensiva
Los europeos hacen esfuerzos para mantener la tranquilidad en medio de la guerra comercial lanzada por Donald Trump y evitar tomar decisiones que sean interpretadas como represalias por Washington. Al mismo tiempo, buscan mostrar fortaleza y enviar señales de que están dispuestos a seguir un camino propio que les abra las opciones de negocios.
La Unión Europea se dio por notificada de que Trump quiere cambiar totalmente el comercio global y que, para eso, está decidido no solo a atacar a los competidores y adversarios, como China, sino también a los aliados más cercanos. Sintieron alivio cuando el Presidente norteamericano suspendió por 90 días los aranceles “recíprocos” de 20 por ciento —no así el del 25 por ciento al aluminio, acero, autos y repuestos—, quedando solo con el 10 por ciento general, porque eso les da espacio para negociar. Por otro lado, no quieren perder tiempo en posicionarse mejor para enfrentar el nuevo sistema de comercio que emerja de la crisis.
Esta estrategia de dos vertientes supone negociar de la mejor forma con la Casa Blanca. Para ello, el comisario de Comercio de la UE viajó a Washington, a ver las posibilidades de un acuerdo. Pero al mismo tiempo, intentan diversificar sus asociaciones comerciales, perfeccionando sus tratados de libre comercio o firmando otros con nuevos países. Como ha dicho la jefa del Ejecutivo de la UE, Ursula von der Leyen, quieren “lograr (con EE.UU.) un comercio sin fricciones y mutuamente beneficioso”, que ofrezca “condiciones claras y predecibles, necesarias para que el comercio y la cadena de suministros funcionen”. Y en paralelo, conversan con otros países, porque les “interesa equilibrar el sistema y tener un libre comercio que compita realmente sobre calidad y no aranceles”. Al parecer, la UE, después de años de reticencia para abrir sus propios mercados a los países emergentes, está reevaluando acuerdos que, como el existente con Chile, les dan grandes oportunidades de mejorar los intercambios para beneficio mutuo. En este escenario deben, además, tener cuidado en sus relaciones con China (el español Pedro Sánchez fue a Beijing hace unos días, a “buscar soluciones a diferencias para cooperar en áreas de interés común”), puesto que hay temores de que intente inundar el mercado europeo con los productos que ya no podrá colocar en EE.UU.
“Contramedidas”, suspendidas a la espera de un acuerdo
Nada está dicho sobre cómo se resolverán las diferencias entre Bruselas y Washington. Las negociaciones pueden tardar y Trump parece disfrutar de la situación, llegando a lanzar expresiones vulgares (“countries are kissing my ass to hold trade deals”) que dan cuenta del difícil ambiente. Mientras, la UE se prepara también para el peor escenario, que sería uno sin acuerdo y que los obligara a aplicar las “contramedidas” preparadas en respuesta a los aranceles al acero y aluminio, que quedaron congeladas inmediatamente después de que Trump anunciara la suspensión por tres meses de todos los gravámenes superiores al 10 por ciento.
Esa es una muestra de voluntad de no escalar la guerra comercial. Sin embargo, advierten que están dispuestos a profundizarla si Washington no se allana a un acuerdo, y si no toma en cuenta que el déficit comercial que reclama a favor de la UE tiene que ver con el intercambio de bienes, pero no de servicios, en especial tecnológicos, donde EE.UU. tiene un superávit enorme. Por eso se habla de medidas como gravar los ingresos publicitarios de los servicios digitales, afectando a gigantes como Amazon, Facebook y Google.
Alemania con nuevo gobierno
Los europeos siempre han demorado sus decisiones, en parte por las dificultades de poner de acuerdo a 27 miembros, pero esta vez han tenido el problema adicional de que los gobiernos de las principales economías, Francia y Alemania, han estado en crisis. Emmanuel Macron ha visto debilitada su autoridad y los alemanes recién han acordado la formación de un nuevo gobierno de “gran coalición” (democratacristianos y socialdemócratas), encabezado por Friedrich Merz, de la CDU, que tendrá que enfrentar la arremetida de los aranceles en medio de su propia crisis económica.
Estos últimos tres años, el crecimiento alemán ha sido escaso y se estima que en 2025 el PIB apenas se elevaría 0,1 por ciento; eso, sin contar el efecto que puedan tener los nuevos impuestos de EE.UU. Merz tomará posesión en mayo y ya acordó con la socialdemocracia, SPD, algunas líneas de acción. La primera, impulsar la economía. Hace unas semanas, el Bundestag aprobó una reforma constitucional para flexibilizar el tope de endeudamiento, del 0,35 por ciento del PIB, y dejar fuera el gasto en defensa, además de crear un fondo de 500 mil millones para infraestructura. El aumento del gasto militar es clave por la guerra de Ucrania y por las presiones desde EE.UU. para contribuir más a la OTAN. Y el fondo tendrá un efecto importante en la construcción no solo de puentes y carreteras, sino también en rubros como las comunicaciones y el desarrollo tecnológico.
Los planes de la nueva gran coalición (GRAKO, en alemán) incluyen resolver el problema de los altos precios de la energía, con la construcción de nuevas plantas a gas, pero descartando volver a la energía nuclear. Mientras, buscan atacar otro problema que ha frenado el desarrollo alemán: la enorme burocracia que ralentiza cualquier proyecto y, según estimaciones, cuesta a la economía 150 mil millones de euros al año. A Merz le quedará lidiar con el costo de las pensiones en un país que envejece, pero, sobre todo, ayudar a superar las dificultades que aquejan a la importante industria automotriz, que se agudizarán con los nuevos aranceles.