El Mercurio.com - Blogs : La situación de EE.UU.
Editorial
Sábado 15 de febrero de 2025
La situación de EE.UU.
Con una inflación al alza y la amenaza de nuevos aranceles, la fortaleza económica de los Estados Unidos puede estar poniéndose a prueba. La independencia de su autoridad monetaria será central para contener las presiones de precios frente al deseo de la Casa Blanca de acelerar el crecimiento con una baja de tasas.
La decidida y vertiginosa secuencia de medidas arancelarias que ha tomado la administración Trump ha dominado el debate económico en buena parte del planeta. Sin embargo, esto no debe hacer descuidar el análisis detallado de las tendencias observadas en algunas de las principales variables internas de la primera economía mundial.
El último reporte de inflación publicado por la Agencia de Estadísticas Laborales la semana recién pasada aumentó las preocupaciones respecto de la tendencia que ha mostrado el índice de precios al consumidor durante ya varios meses. Para enero, la inflación mensual se ubicó en un 0,5%, por sobre las expectativas del mercado, dejando el dato anualizado en 3%, un punto porcentual por sobre la meta de política. Entre las partidas que más contribuyeron se encuentran energía (1,1%), influenciada por el mayor precio del petróleo. También tuvieron preponderancia los precios de los alimentos, particularmente aquellos asociados al consumo de los hogares, que experimentaron alzas en cuatro de las seis subpartidas que componen el rubro (los huevos mostraron el mayor aumento en casi una década, explicando dos tercios del aumento total del índice de alimentos). El valor de los autos usados y las continuas e imparables presiones inflacionarias en el sector de servicios de viviendas también contribuyeron.
Las cifras de inflación no le dieron, pues, una buena bienvenida a la nueva administración, confirmando una tendencia al alza que ya se prolonga por cinco meses. En efecto, la menor inflación de los últimos doce meses se reportó en septiembre de 2024 (2,4%), para luego aumentar gradualmente hasta el actual 3% (anual). En el caso de la inflación calculada excluyendo alimentos y energías (partidas volátiles), registra casi siete meses por sobre el 3,2%.
Frente a ello, la Reserva Federal (Fed) ha informado que no tiene apuro en modificar el rango de la tasa de política monetaria, que hoy se ubica entre el 4,25 y el 4,5%. Durante las últimas semanas, su presidente, Jerome Powell, ha indicado repetidamente que no anticipa un nuevo recorte sin una evolución clara de la inflación y de la tasa de desempleo. Los datos de enero brindaron fundamentos técnicos adicionales a tal posición y algo de inquietud en los mercados bursátiles. Una creación de empleos reportada en enero por debajo de las expectativas (149 mil versus predicciones que apuntaban a 169 mil) no fue suficiente para moderar, al menos públicamente, la visión cauta de la Fed.
Tensión monetaria
Uno de los pilares de la campaña de Trump —quien esta semana dio inicio a un plan de despidos masivos en el aparato público— fue poner fin a las presiones inflacionarias que dominaron parte importante de la administración Biden y que se originaron por el impacto de las restricciones sanitarias y el posterior exceso de gasto fiscal y laxitud monetaria.
En este sentido, si bien aún moderada, la tendencia al alza en los precios con que inicia el Presidente su segundo mandato representa un primer desafío económico de envergadura: el cumplimiento de su deseo de que la Fed decida nuevos recortes se ve lejano, lo que probablemente generará tensiones entre la autoridad monetaria y la Casa Blanca.
Estas tensiones deberían además ampliarse en la medida en que los nuevos aranceles impulsados por Trump se concreten, impactando en el corto plazo la dinámica de los índices de precios (la inflación de enero no fue afectada directamente por el tema, pero no es descartable que este sí haya incidido de modo indirecto, vía expectativas). En la Fed, estas presiones adicionales solo alentarían las visiones más conservadoras dentro de su consejo, postergando aún más la posibilidad de nuevos recortes durante 2025.
Por de pronto, la más reciente orden ejecutiva del Presidente en el ámbito de las barreras comerciales instruyó a varias agencias federales determinar los aranceles que deberían aplicarse sobre los distintos países en función de las diferencias de trato que se identifiquen en materia comercial. Ejemplos incluirían la situación del etanol con Brasil, productos agrícolas que se comercian con India e incluso bienes específicos que se transan con la Unión Europea. Cabe recordar que aranceles de 10% ya han sido impuestos a los productos de origen chino, mientras que en el caso de Canadá y México los aranceles de 25% han sido pospuestos por algunas semanas a la espera del resultado de negociaciones en materias que incluyen desde gastos de defensa hasta el control de las fronteras.
Otra posible justificación del Gobierno para imponer aranceles es la necesidad de aumentar las fuentes de ingresos federales, para contrarrestar el gigantesco déficit fiscal y la consecuente deuda que acumula Estados Unidos. Esto incluso validaría la creación de una Oficina de Impuestos Externos. Pero si bien los aranceles pueden generar mayores fuentes de recursos en el corto plazo (no son más que un impuesto a bienes importados), las distorsiones que introducen pueden traer consigo consecuencias negativas de largo plazo que más que compensen el efecto. La expansión de las medidas recíprocas que ha anunciado el gobierno chino puede adelantar esos efectos negativos.
Con todo, la administración Trump no parece, hasta ahora, particularmente preocupada por el impacto inflacionario de algunas de sus medidas. Sin embargo, una creciente inquietud ciudadana por el tema —encuestas indican que cerca del 66% de la población considera que no se está haciendo lo suficiente en esta materia— puede rápidamente cambiar el rumbo de la agenda.