El Mercurio.com - Blogs : Carlos Carvajal, el maratonista que corría descalzo
Noticias
Lunes 25 de mayo de 2020
Carlos Carvajal, el maratonista que corría descalzo
Diagnosticado de asma crónica, nunca hizo deporte sino hasta que llegó a la universidad, pero terminó siendo récord nacional de maratón en 1982. Admirador de Bikila, correr sin zapatillas era su fascinación. “Mucha gente se admiraba, pero para mí no era nada del otro mundo. Tenía como una suela natural bajo el pie”, cuenta. Hoy, a los 65 años, aún trota.
CLAUDIO HERRERA
El atletismo y la política se cruzaron con fuerza en la vida de Carlos Danton Carvajal Barahona en 1973. “Mi papá era dirigente social, mi tía secretaria del PC y los más jóvenes participábamos en la JJ.CC. Para el golpe se llevaron a gran parte de mi familia El 17 de septiembre me acusaron de extremista y estuve preso en Rancagua cuatro meses. Después me relegaron a Peumo, con firma semanal. Mi mamá fue averiguar a la Universidad (Técnica del Estado), donde había entrado a estudiar pedagogía y me habían echado, pero ella hizo las gestiones para que me reintegraran, con el compromiso que no meterme más en política”, expone el exfondista que dejó huella en los 70 y 80.
Por esos mismos días Carvajal se obnubilaba con el atletismo. “Nunca hice educación física en el colegio, cuando niño me diagnosticaron asma crónica, pero en la U pedían créditos deportivos y me dijeron que atletismo era lo más fácil. Me metí ahí y nada que ver, era durísimo, pero me agradó y tenía condiciones. Empecé corriendo 800 y 1500 metros, mi entrenador nunca quiso que corriera fondo, pero yo tenía el maratón en la cabeza, sobre todo desde que vi ganar a José Ramírez en el Estadio Nacional (Sudamericano 1974). Con los años pasé a 5 mil y 10 mil, logré registros de 14.13 y 29.21, que en ese tiempo eran buenos, pero ahora son marcas de mujeres a nivel mundial”.
En 1977, logró clasificar a San Silvestre en Sao Paulo. El problema es que seguía con firma semanal y no podía salir del país. “El rector de la UTE era militar y se sentía orgulloso de mí, porque la U me había formado como atleta, y con eso rompía el mito que la universidad entierra a los deportistas. Gracias a una carta suya logré mi libertad definitiva”.
Al año siguiente se sacó el empacho y debutó en el maratón. “Participé en uno que se hacía de Santiago a San Bernardo, ida y vuelta, salí tercero, pero lo sufrí, no estaba preparado mentalmente”, dice.
“No hay pisteros”
En esos tiempos el maratón en Chile corría rápido y sin excusas. “Hoy el país no tiene buenos maratonistas porque corren solo en la calle, la prueba de 10 mil ahora no existe, no hay buenos pisteros, antes los buenos maratonistas todos venían de la pista. En esa época se trabajaba mucho la técnica, hoy los planes vienen en un papel, pero la posición de la cadera, brazos, cabeza, levantamiento de rodillas, son clave, y eso lo debe corregir un entrenador en la pista. Me corrigieron bastante mi técnica, porque era medio ‘bruteque', aunque siempre fui arisco, porque los fondistas en general son todos introvertidos”.
“¿Mi fortaleza? No tenía miedo de perder. Antes no eran más de 70 los maratonistas, todos buenos. Me gustaba salir al frente, a veces trazaba una táctica, pero me comían las ansias e igual salía con todo adelante. Por lo bruto también corría a pata pelada. Fíjese que usé ojotas hasta los 14 años, una vez mi abuela me compró zapatos y me duraron como 10 años, fui hasta la universidad con ellos, me los dio para que ‘pareciera persona', me dijo. En varias carreras corrí descalzo, mucha gente se admiraba, pero para mí no era nada del otro mundo, tenía como una suela natural bajo el pie, me acomodaba, además que admiraba a (Abebe) Bikila desde que ganó Roma 1960. Como en las pruebas oficiales los jueces obligaban a partir con la indumentaria, salía con zapatillas y a los pocos kilómetros me las sacaba”.
En los Odesur de 1982 en Santa Fe, Argentina, Carvajal logró el bronce en el maratón y dejó su sello. “Ese día el chileno me impactó que se descalzara en plena carrera, yo iba peleando con él el tercer lugar, pero tras dejar el calzado me sacó mucha diferencia. Al llegar a la meta me impresionó verle los pies destruidos, ampollados. Me quedó muy grabado y hasta el día de hoy se lo cuento a mis alumnos”, dice el trasandino Carlos Orué, cuarto hace 38 años.
En 1982, Carvajal se ubicó en la cima de los maratonistas nacionales al correr la prueba en 2h14.02 (Santiago), superando el registro de Edmundo Warnke. “Metía un volumen entre 220 y 240 km. por semana, pesaba 52 kilos, era un palo, pero lo que hacía distinto era que una vez al mes corría 60 km. de una sola tirada, eso me daba seguridad”. La misma que tuvo para competir en el Mundial en Helsinki (1983), donde llegó 51°.
Hasta 1987 sumó 23 maratones, pero una condromalacia lo invitó al retiro anticipado. Ese año, Omar Aguilar le arrebató el registro local.
Carvajal fue declarado Hijo Ilustre de Peumo y dedicó su vida a la docencia. Su carrera más empinada asomó, ya retirado de las pistas, en 2013: un agresivo cáncer lo puso de rodillas y una depresión hizo el resto. Pero decidió luchar. Ocupó su mente en investigar y escribir. Lleva publicados cuatro libros dedicados a la etnografía. Hoy con 65 años sigue sus rutinas de trote. El atletismo todavía le apasiona. “Me encanta, pero no miro muchas fotos, mis hijos me dicen que me pongo llorón”, advierte.