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Editorial
Domingo 23 de septiembre de 2018
Un caso de éxito emprendedor
Lo importante es que la visibilidad que alcance Cornershop multiplique la creación de emprendimientos potencialmente valiosos.
El anuncio de la adquisición por parte de Walmart de Cornershop -emprendimiento iniciado por dos jóvenes chilenos y uno sueco- en 225 millones de dólares es una noticia que inyecta entusiasmo y optimismo a la comunidad emprendedora y constituye un aliciente para quienes ven en la innovación y la utilización de tecnologías de información una importante fuente de creación de riqueza para la comunidad.
La compañía -creada hace tres años, que efectúa y entrega las compras que las personas, vía internet, les encargan hacer en los supermercados- ha tenido una fuerte penetración en los mercados chileno y mexicano, suficiente para llamar la atención de un gigante del retail como Walmart, cuya estrategia se ha estado concentrando en la digitalización de sus servicios. Cornershop fue lanzada desde Silicon Valley, donde logró levantar el capital necesario para desplegar su proyecto, incluido un fondo de capital de riesgo mexicano.
Esto ha planteado en algunos la equivocada pregunta de por qué no hubo fondos de capital de riesgo nacionales participando en el emprendimiento, dado que dos de los fundadores de Cornershop eran chilenos. Los emprendimientos verdaderamente exitosos lo son cuando tienen la capacidad de replicarse a través del globo, como podría tener este, y el lugar donde consigan el capital no es lo más relevante. Por lo demás, Silicon Valley posee el sistema de financiamiento de capital de riesgo más desarrollado del mundo, y los diversos fondos que allí existen reparten sus apuestas en infinidad de proyectos, que es lo que les permite soportar a los muchos que fracasan.
Lo importante es que la visibilidad que alcance Cornershop en la imaginación de la comunidad de negocios chilena, tanto de emprendedores como de financistas, multiplique la creación de emprendimientos potencialmente valiosos que ayuden a generar un círculo virtuoso en el ecosistema de innovación nacional.
Ello requiere perseverar en la batería de instrumentos que el Estado pone a disposición de científicos, tecnólogos y financistas -Fondecyt, Fondef, Innova, centros de excelencia, proyectos Milenio, entre otros-; todas, apuestas estatales riesgosas que deben ser cuidadosamente monitoreadas para procurar su mejoría y así densificar la calidad del ecosistema de innovación. Pero, simultáneamente, la sociedad y su clase política deben valorar los esfuerzos que emprendedores privados realicen por generar valor -aunque tengan fines de lucro, y la inmensa mayoría de ellos los tiene-, porque el aprecio social y político que esa actividad tenga es lo que estimula a las nuevas generaciones a desplegar sus talentos y aprovechar los instrumentos que el Estado les pueda entregar.