Cegados y obsesionados por revivir un espíritu sampaolista, que en rigor es parte de un capítulo histórico que es imposible de replicar con exactitud, los mandamases de Azul Azul han sido los causantes directos de la inconsistencia a la hora de establecer un sólido proyecto técnico para Universidad de Chile.
A partir de una aparente apatía que en los seguidores azules provocaba la propuesta futbolística de Martín Lasarte, se apostaron fichas que no se tenían en la figura de Sebastián Beccacece, quien aparecía, en razón de su discurso y cercanía con el gurú a imitar, como la gran solución para retomar el camino de verticalidad e intensidad constante, signo de una U triunfadora y devastadora.
Pero el proyecto tuvo una gran falla de origen: no se estableció como un proceso que requería de estudio, prueba y control sino que se presentó -y el propio Beccacece ayudó a que ello ocurriera- como una fórmula infalible que solo requería de voluntad y predisposición (y, de paso, una fuerte inversión).
Los resultados estuvieron a la vista. Beccacece terminó su gestión técnica ahogado en su propia ineptitud para encontrar los mejores caminos de construcción del imaginario ideario que los dirigentes azules se habían pintado como intransable para aquel que se sentara en la banca de la U.
Lo que se requería entonces, tras la partida del ex ayudante de Sampaoli, era que disminuyeran los eslóganes y definitivamente quienes tomaran la posta técnica -Víctor Castañeda y su equipo fueron los designados- tuvieran el apoyo y la tranquilidad necesaria para encabezar la retrasada transición que permitiera, en una segunda fase, el establecimiento más formal y contundente de una propuesta bien definida.
Pero otra vez la urgencia del resultado, la desesperación por llegar a niveles competitivos vinculados más a la forma que en el fondo, han erosionado y desarticulado el proceso que Castañeda debía encabezar en la U.
La constante mensajería que desde los niveles directivos y de la hinchada (con carteles alusivos más encima) se le ha mandado al cuerpo técnico para que de una buena vez logre que el equipo alcance la "mística azul", ha tendido a desenfocar a Castañeda de su real y esencial objetivo que es estabilizar y enfocar a sus dirigidos en un planteamiento que, sea cual sea, aminore las evidentes fallas que presenta el funcionamiento colectivo (el circuito defensivo y la carencia de definición ofensiva, entre ellos).
Es cierto. Castañeda tiene la legítima aspiración de prolongar su estadía en la dirección técnica de la U y por eso es que parece lógico que su intención sea satisfacer las demandas externas. Pero a pesar de que es entendible su posición, lo que no es aceptable es que su estadía en la U termine siendo simplemente un paréntesis, una anécdota. Universidad de Chile requiere, hoy más que nunca, de mentes frías que entiendan que es necesaria una transición. Que es el momento de realizar el control de daños tras una seguidilla de desaciertos. Que llegó la hora de olvidarse de modelos pasados y buscar caminos nuevos. Castañeda tiene que terminar dando esa batalla si quiere trascender.