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Editorial
Martes 29 de noviembre de 2016
Significativo triunfo
Fillon quiere devolver a Francia una identidad que algunos sienten está en peligro. Defiende los principios tradicionales de la familia francesa, su cultura y su herencia cristiana...
Tras su victoria definitiva en las primarias de la centroderecha, François Fillon se presenta como el mejor candidato para lograr "trabajo, crecimiento y luchar contra esos fanáticos que nos declararon la guerra". En esa frase, el ex Primer Ministro de Nicolas Sarkozy, a quien dejó fuera de combate en la primera vuelta interna, resume los desafíos que tiene Francia en los próximos años.
La opción de Fillon, inesperadamente, se ha levantado firme para enfrentar a Marine Le Pen, del xenófobo Frente Nacional, que tiene asegurado, por ahora, su paso a la segunda vuelta en las presidenciales de 2017, pero no su victoria. Mientras, los socialistas divididos se debaten en una crisis, esperando a que François Hollande se decida si se presenta o no a la reelección.
En su sector, Fillon se erige como el unificador de la centroderecha presentando un programa de gobierno con ideas liberales en lo económico y, al mismo tiempo, de corte conservador y tradicionalista en los valores sociales. Su discurso duro contra la inmigración apela a los votantes de Le Pen, que parecen reconocer en él a un líder capaz de recomponer la sociedad. Al tiempo, en la izquierda, Fillon no produce tanto rechazo como Sarkozy, lo cual hace pensar que en caso de segunda vuelta con Le Pen podrían votar por él para evitar un "mal mayor".
Con Francia hundida en la peor crisis económica de los últimos años, Fillon ha planteado cambios necesarios que Hollande no ha podido implementar. Su programa incluye aumentar las horas de trabajo por acuerdo al interior de las empresas, soslayando la ley de 35 horas que parece inamovible, subir la edad de jubilación hasta los 65 años (hoy 62), reducir las ayudas sociales y, en una de las más polémicas propuestas, eliminar 500 mil empleos estatales y rebajar 100 mil millones de euros de gasto público, para poder enfrentar un déficit que supera el 54 por ciento del PIB. También planea reducir o eliminar, según el caso, impuestos y cargas sociales a las empresas para que aumenten el ahorro y la inversión.
En el ámbito social, Fillon quiere devolver a Francia una identidad que algunos sienten está en peligro. Defiende los principios tradicionales de la familia francesa, su cultura y su herencia cristiana. Y es un convencido de que si los inmigrantes quieren llegar a Francia, deben asimilarse al país. No está de acuerdo en que Francia acepte el multiculturalismo. "Tenemos una historia, una lengua, una cultura, naturalmente enriquecida con los aportes de la población extranjera, pero que es la base, los fundamentos de nuestra identidad".
El ex Premier -al que se ha definido como un gaullista social- quiere hacer un referéndum sobre las cuotas de inmigrantes que deba aceptar Francia, y aplicar mano dura contra el fundamentalismo islámico. No duda en advertir que expulsaría a cualquier sospechoso de terrorismo sin importar que tenga doble nacionalidad; tampoco permitiría regresar a franceses que luchen en Siria o Irak. Católico observante, Fillon, sin embargo, ha dicho que no hará cambios a la ley de aborto ni a la de matrimonio homosexual, pero sí quiere modificar ciertos aspectos de las adopciones de estas parejas.
Con varios meses de campaña por delante, Fillon necesita afianzar el apoyo de la derecha, para debilitar a Le Pen, y, en la segunda vuelta, afinar su discurso y hacerlo aceptable a los electores de izquierda, para que en una segunda vuelta, con los socialistas derrotados, no tengan reparos en ir a votar por él.