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Editorial
Martes 29 de noviembre de 2016
Realidad de las universidades chilenas
Los tres rankings conocidos en estos días confirman, contrariamente al discurso oficial, los buenos resultados y perspectivas de nuestro sistema universitario...
Casi 300 mil jóvenes se encuentran rindiendo la Prueba de Selección Universitaria, que concluye hoy. De ellos, un porcentaje importante optará por seguir estudios universitarios superiores en medio de la incertidumbre que existe respecto del nuevo marco que regirá a las casas de estudios en el futuro.
En este contexto, "El Mercurio" -en conjunto con el Grupo de Estudios Avanzados en Educación Superior Universitas- publicó su quinta versión del Ranking de Calidad de las Universidades Chilenas, como una herramienta de información que permita a los estudiantes tomar una mejor decisión respecto a qué universidad elegir.
El ranking confirma que el sistema chileno ha progresado en cuanto a la calidad. Así lo indican cambios muy significativos, como un aumento en la proporción de académicos contratados y con doctorado y una disminución de estudiantes por académico. Al mismo tiempo, se aprecia también un crecimiento en la cantidad de publicaciones indexadas internacionalmente, lo que da cuenta de un fortalecimiento de la investigación.
Siguen siendo preocupantes, sin embargo, la alta deserción al segundo año y la brecha entre duración teórica y efectiva de las distintas carreras. Ahí radica uno de los principales desafíos, no solo de las distintas instituciones, sino también del sistema escolar en su conjunto. Gran parte de los problemas de rendimiento de los estudiantes en las universidades están relacionados, a juicio de esas instituciones, con los vacíos y limitaciones de la educación escolar que han recibido esos alumnos.
Asimismo, la semana pasada la prestigiosa revista inglesa Times Higher Education, especializada en educación superior, ubicó a Chile entre los siete países del mundo que tienen mejores perspectivas para desarrollar este sector en el futuro. Ello da cuenta de que Chile no solo tiene dos universidades de excelencia, sino que su sistema en general ofrece buenas perspectivas.
De acuerdo con la publicación, el ámbito terciario en Tailandia, Argentina, Chile, Turquía, Irán, Colombia y Serbia (la revista identifica al grupo como Tactics, según las siglas de los países) alcanzó un nivel que permitiría a estas naciones ser potencias educacionales en el futuro.
Finalmente, otro ranking relevante a nivel mundial, el de la consultora inglesa QS, situó a tres universidades chilenas en el ranking internacional de empleabilidad. La primera es la U. Católica, que alcanzó el lugar 45, cinco puestos más arriba que en la medición anterior. Le siguen la U. de Chile (lugar 151-200) y la U. Adolfo Ibáñez (lugar 201+).
Los tres rankings conocidos esta semana son alentadores y dan cuenta del dinamismo y de la seriedad con la que Chile ha enfrentado la educación universitaria. Tal como señalara el investigador y experto educacional José Joaquín Brunner, ni estos ni ningún otro antecedente positivo sobre nuestro sistema educacional -tampoco los registrados por OCDE y Unesco-forman parte del diagnóstico del Gobierno ni se discuten en el debate de la reforma universitaria. Por cierto, son muchos los aspectos para mejorar, desde nuestro sistema de acreditación a la duración de las carreras, pero los datos citados previamente deben tenerse en cuenta a la hora de seguir impulsando modificaciones mal pensadas que ya dan señales de estar afectando negativamente el dinamismo de las instituciones universitarias. Son reflexiones ineludibles en momentos en que se vuelve a impulsar la principal y errada política de educación superior de esta administración, la gratuidad universal, a través de una glosa en la Ley de Presupuestos.