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Cartas
Domingo 13 de marzo de 2016
Templos incendiados
Señor Director:
La directora del Instituto Nacional de Derechos Humanos, Lorena Fríes, ha manifestado "el más completo repudio al atentado que culminó con la destrucción del Santuario San Sebastián de Vilcún y las casas de los Hermanos Capuchinos. Nos asiste la convicción de que la violencia no constituye un camino hacia la justicia y la paz, y que estos dramáticos hechos dan cuenta de la urgente necesidad de abordar caminos de solución a un conflicto que recrudece y se acentúa". Haciendo nuestro este parecer, exhortamos a las autoridades a impedir que la agresión de ciertos grupos sea la forma de alcanzar objetivos.
El tipo de violencia de la que hemos sido testigos atenta contra uno de los derechos humanos más sensibles, como es la libertad de culto. Este tipo de ataques toca las fibras más profundas, relacionadas con lo que las personas creen, aman, esperan y llena de sentido su vida.
Pese a que este es el quinto templo quemado en los últimos meses, estas acciones no constituyen un atentado contra la Iglesia, sino contra los sentimientos de las comunidades y el pueblo sencillo, que con amor y sacrificio levantan sus espacios de oración y trascendencia. En este sentido, lo que más nos conmueve es el enorme dolor de la gente, víctimas inocentes respecto de un tema en el que no tienen responsabilidad alguna. Expresamos asimismo nuestra solidaridad con los Padres Capuchinos por esta pérdida, quienes durante siglos se han dedicado a servir de mil formas y con impresionante generosidad a La Araucanía, particularmente a las comunidades indígenas.
Ninguna acción de violencia evitará que la Iglesia, desde su misión evangelizadora, siga acompañando y haciendo suyos los legítimos anhelos del noble pueblo mapuche. Por otra parte, esta Iglesia se alegra de que el Señor le permita compartir las severas angustias y sufrimientos de las diversas víctimas de esta violencia, dolor que ofrecemos a Cristo Crucificado en esta Semana Santa. Él con su Resurrección hará fecundo este dolor, permitiendo que germinen las semillas de una sociedad auténticamente intercultural, en justicia y paz para todos sin excepción.
Todo esto nos hace ver que ha llegado la hora de abordar la complejidad de la situación. El país, el mundo mapuche y no mapuche, esperan gestos y actitudes concretas desde todos los sectores, porque todos debemos sentirnos responsables. El punto de partida debe ser siempre la búsqueda del bien común, el reconocimiento, respeto y valoración de los objetivos, derechos y dignidad de todos y cada uno. Hago este llamado convencido de las palabras del cardenal Silva en una hora dramática: Chile tiene vocación de entendimiento y no de enfrentamiento.
+ Héctor Vargas Bastidas, SDB
Obispo de San José de Temuco