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Cartas
Martes 08 de diciembre de 2015
Fútbol de mi patria
Colo Colo, sin jugar el partido con Wanderers el domingo 6 de diciembre en Valparaíso, ganó su campeonato 31. ¡Bien merecido! La Católica, una vez más, nos causó dolor y desconsuelo. No por eso dejamos de alentarla. Una paradojal última fecha cuyo mejor momento seguramente estuvo lejos de la copa, en el tributo agradecido de una hinchada a un Pepe Rojas que, rodeado de su familia, dijo adiós al club de sus amores.
Nadie en un lúcido juicio habrá podido gozar un triunfo rubricado con una batalla campal en vez de un espectáculo deportivo de calidad. Lo decía el Diego, a inicios de este siglo, tras pagar una dura sanción: "El fútbol es el deporte más lindo y más sano (...), porque se equivoque uno, no tiene que pagar el fútbol. Yo me equivoqué y pagué. Pero la pelota no se mancha" (Maradona dixit).
¿Qué es lo que ha sucedido en Valparaíso (no solo en el estadio)? Lamentablemente nada que nos pueda sorprender, pero que sí nos debe escandalizar. No hay torneo durante el que la prensa no rasgue vestiduras por la violencia en los estadios, con crudas imágenes en los noticieros de televisión, análisis en los programas de radio a la hora de almuerzo (¡gran compañía!), columnas de opinión o cartas al director. Y, normalmente, lo más fácil es buscar culpables.
De este modo nos indignamos, tiramos la primera y la última piedra, y asunto terminado. Lo más difícil, sin embargo, es que nos demos por aludidos y aportemos a la solución de la violencia en los estadios sin quedarnos inmóviles, una vez más, en las típicas frases: ¡Es culpa de los dirigentes, es yerro de la autoridad de "Estadio Seguro", negligencia de las fuerzas de orden, falta de compromiso de los comentaristas henchidos de retórica! O sea, culpa de todos, que es responsabilidad de nadie.
Lo del Estadio "(Don) Elías Figueroa", en Valparaíso, debe alentarnos a expresar una gran vergüenza, porque entre tanto escándalo de colusión entre dinero y fútbol, de corrupción en las dirigencias a nivel nacional e internacional, se nos está perdiendo y manchando "la pelota". Languidece el deporte y muere el espectáculo, y con ello uno de los referentes transversales para construir una sociedad más sana, alegre y cohesionada, como lo vivimos durante el inolvidable triunfo de la Selección de Chile en la última Copa América.
Los que se esmeran en judicializar la vida reduciéndola a derechos y sanciones protestan contra las puertas giratorias, pero enmudecen ante la pregunta incómoda sobre quiénes son estos compatriotas violentos, de dónde vienen, cómo viven, a qué aspiran, con qué vibran, cuán felices son y podrían llegar a ser. La realidad del desquiciamiento personal y social es compleja y necesita plantearse estas preguntas.
Es hora de decisiones. Es necesario, por de pronto, constituir una mesa ciudadana con gente honesta de todos los gremios y personas que viven o padecen del fútbol, para tomar decisiones y devolver la vida hermosa que es asistir en familia a los estadios bellos de nuestro país. Lo demás será más de lo mismo, es decir, sumar argumentos, pretextos y reflexiones que, a la hora de los quiubos, solo son tiro libre desperdiciado o maniobra vergonzosa para "hacer tiempo".
Cristián Contreras Villarroel
Obispo de Melipilla