El Mercurio.com - Blogs : Una visión empobrecida del ser humano
Cartas
Martes 07 de octubre de 2014
Una visión empobrecida del ser humano
Somos testigos de un diálogo entre vastos sectores de la población respecto de una reforma educacional que pretende lograr que los chilenos tengan educación de calidad independiente del lugar de proveniencia, y de una reforma tributaria que pretende promover mayor equidad económica. No podemos sino que alegrarnos de que ello se lleve a cabo en la medida en que respete el derecho y el deber que tienen los padres de educar a sus hijos y logre que el desarrollo económico del país tenga un alcance más universal que el actual. Simultáneamente, pero de manera silenciosa, se están fraguando en el Congreso Nacional proyectos de leyes que van a golpear duramente el alma de Chile y los cimientos mismos de la sociedad: el matrimonio y sus fines específicos, entre un hombre y una mujer, como fundamento de la familia y el respeto de la vida humana desde el momento de la concepción hasta su muerte natural.
El primero es el proyecto de ley acerca del acuerdo de vida en pareja. Lo único que va a lograr es pauperizar más aún el matrimonio de lo que está y por ende la familia como célula básica de la sociedad. En segundo lugar, la ley que pretende despenalizar el aborto en ciertos casos -que no tiene justificación alguna-, y que en la realidad va en la dirección de aprobar una norma que permita el aborto bajo cualquier circunstancia como ha ocurrido en muchas partes del mundo. Por último, se escuchan voces en favor de la eutanasia, es decir, la eliminación del inocente en los momentos en que más requiere apoyo y amor. Con estos proyectos de ley pierde la sociedad toda porque empobrece el valor de la vida humana y solo le atribuye valor al sano y productivo, empobrece la capacidad del hombre y de la mujer de comprometerse para toda la vida, desconoce el lenguaje de la naturaleza y los dictados de la razón.
No olvidemos que el sentir de la gran mayoría de los jóvenes es que lo que más valoran y desean es tener una familia como siempre se ha entendido, fundada en la unión entre un hombre y una mujer, y lo que más les duele es ver a su familia destruida. La ley en vez de promover este anhelo inscrito en el corazón de todo hombre le resta relevancia haciendo del deseo y las emociones el valor absoluto, al punto de atribuirse el rol de generar una nueva realidad al margen de la verdad que en sí lleva inscrita. En relación con el aborto, el cambio cultural que significa su despenalización será de proporciones al pasar de lo que hasta ahora es considerado un delito, eliminar al inocente, a un derecho aceptado, promovido y financiado por el propio Estado.
La Iglesia Católica seguirá promoviendo el matrimonio y el respeto a la vida humana desde el momento de la concepción hasta la muerte natural. Y lo hace no solo en virtud de sus convicciones de fe, sino que también porque la razón es capaz de percibir qué es lo mejor que le puede acontecer a las personas y a la sociedad. Es cosa de mirar cómo ha pesado en la sociedad, especialmente en Occidente, el hecho de haber subestimado la familia y la vida: más soledad de las personas, especialmente de los ancianos, relaciones humanas cada vez más utilitarias y más desencanto de los jóvenes respecto del futuro. Cuando la sociedad y su marco legal miran la violencia -el aborto y la eutanasia lo son- como el modo para solucionar situaciones que revisten especial dramatismo, enquista en la sociedad la idea de que el fuerte tiene el poder respecto del débil y, cuando ello acontece, la democracia termina convirtiéndose en la peor de las dictaduras. Que un ser humano se atribuya el derecho de decidir qué vida merece ser vivida y qué vida no, es una arrogancia.
Invito a pensar seriamente sobre el camino que está emprendiendo Chile y a preguntarse de cara al futuro qué sociedad queremos construir. El talante de una sociedad se mide en la capacidad que tiene de hacerse cargo del desvalido y del indefenso.
Por último, resulta contradictorio que por un lado se quiera eliminar la selección para ingresar a un colegio, pero por otro se permita que se seleccione en el útero materno a quienes los adultos creen que no son merecedores de seguir su desarrollo. A esas contradicciones se llega cuando hay una visión empobrecida de lo que significa ser un ser humano y la dignidad que posee por el solo hecho de serlo.
+Fernando Chomali G.
Arzobispo de Concepción
Administrador Apostólico de Osorno