España viene con cinco banderillas clavadas en su lomo negro, lustroso y brillante.
Le arde la piel y le duele el orgullo, porque es un hierro que se hunde como arpón.
Está bufando, herida, y no aguanta el deseo, tiembla de furia roja y quiere que pasen rápido los días y llegue la hora señalada, para limpiar la honra.
Si la autoridad lo permite e ingresan la banda y el público, ninguna lluvia y ningún mal tiempo impedirán la corrida.
La cita es en el coso de Maracaná y no será a las cinco de la tarde, como en el poema de García Lorca, pero de que será, claro que será: Chile contra España.
Que venga y aparezca el animal de batalla, la bestia de lidia y el bóvido ibérico.
Desde lejos se distingue la negrura y el trapío del toro, es decir, su garbo, porte, presencia, moldura, experiencia y no olvidemos el carácter: bravo.
En este ritual taurino y frente a España, los toreros necesitan lo que no mostraron con Australia, algo que se puede enumerar.
La categoría de jugar bien y poner la pelota en el piso verde.
El don de la técnica que no tiene fin.
El llamado arte del fútbol.
Y el aire de los jugadores que saben lo que hacen y por eso se entienden entre ellos.
Ahora es el momento de la partida y para eso el ruedo de Río de Janeiro, con lleno hasta las banderas y espectadores fervientes y devotos.
La marea roja espera salir por la puerta grande y con las manos llenas de ofrendas y premios para el recuerdo histórico: las orejas del toro.
Necesitamos un campeón con traje de luces que ilumine la tarea y encandile con sus lentejuelas y guirnaldas de copihue y cobre.
Miren la montera tan bien puesta y orgullosa.
Y esa chaquetilla ajustada y lo bien que le cae y le luce.
Y esas medias y faja.
¿Quién es el gallardo matador de fina estampa?
¿El Cordobés, el Niño de la Capea o Gitanillo de Triana?
Ninguno de ellos.
Es el Niño Maravilla o Alexis Sánchez, nacido en Tocopilla, Chile.
Que aparezcan jugadores con corbatín que acometan la tarea con valentía y seda, porque es la manera de pasear y cansar al toro y esquivar su furia y cuernos.
Se necesitan toreros para esta ocasión.
Se pide una faena excepcional y que lluevan los mejores pases del arte taurino: los llamados naturales y de pecho, también molinetes y trincherillas.
La muleta roja y el estoque son para el final del toro y la estocada que sea limpia, entre los omóplatos y a rebanarle el corazón.
Como Jesulín de Ubrique, Finito de Córdoba y Espartaco.
Como Paquirri, El Viti y el Niño de la Palma.
Joselito, Bienvenida, Manolete y Antoñete.
Once toreros.