Doble puntapié inicial tendrá este mundial, el jueves. Un adolescente parapléjico chuteará la pelota del partido Brasil-Croacia con el puro pensamiento.
Con ello dará la partida, además, a una nueva y contundente fase de la evolución: ya podré comandar movimientos de complejos robots con mi cerebro. (No se necesita un cerebro excepcional.)
El nombre del chuteador es secreto, pero el líder del proyecto "Volver a caminar" es Miguel Nicolelis (53), neurocientífico brasileño. Él, desde la Universidad de Duke, EE.UU., ha coordinado equipos desde el año 2000 para lograr esta demostración ante miles de millones.
Quiere probar que es posible "leer" las órdenes que el cerebro envía a los músculos y hacer que un "exoesqueleto", una especie de armadura cibernética atada al cuerpo, mueva las piernas del joven, desconectadas de su cabeza por un accidente.
Nicolelis es héroe nacional; en TedMed, colección de conferencias brillantes, se lo puede ver relatando su cuento y camino.
En sus charlas en Brasil, un poco panzudo, le gusta referirse a quien él considera el mayor aportador brasileño a la ciencia y tecnología, Alberto Santos Dumont, pionero de la aviación. También habla de su abuela, impulsadora a lo imposible. A cambiar el mundo, llama.
Se pueden ver sus experimentos con monos: las neuronas envían microseñales a los músculos y computadores las leen y entienden. Y vemos el salto prodigioso: una mona camina y con las señales de su cerebro hace caminar a un robot conectado a ella. De pronto, se detiene. Sin moverse, ella hace caminar al robot con solo pensar en caminar; las señales se las envían al autómata.
Nicolelis y su equipo quieren perfeccionar su exoesqueleto para poner de pie a discapacitados neurológicos. Estamos ante un hito evolutivo, como cuando el caballo aceleró nuestros viajes. Y hay más.
Lo que veremos el jueves en la noche no solo será la gloria de un adolescente que jamás pensó en volver a caminar. He aquí lo crucial: los sensores del exoesqueleto le enviarán al joven señales de la rugosidad, de la temperatura, de la conformación del terreno, de tal modo que él no tendrá que andar mirando el suelo, lo sentirá. Ojo fijo en el balón, disparará, y su cerebro sentirá el impacto. El sistema retroalimenta el cerebro, como cuando uno da un beso y se lo devuelven, que es lo importante.
El equipo de 156 personas trabajando en seis zonas horarias del planeta genera un nuevo sentido de la realidad, una nueva "realidad virtual". Antes, la realidad virtual estimulaba el cerebro desde "allá afuera". El equipo de Nicolelis logra que el cerebro ordene una acción y sienta los efectos.
Los jóvenes que el jueves vean y luego entiendan cómo se chuteó la primera pelota del mundial soñarán aplicaciones. ¡Cientos de posibilidades!
Y si uno agrega al cuento los 2 mil millones de dólares que Facebook acaba de pagar por el más completo sistema de anteojos de realidad virtual, Oculus Rift, comprende la amplitud de los horizontes del nuevo actuar-ver-sentir mediante nuestro motor principal: el cerebro, el cerebro enchufado. Un golazo.