Me encanta el fútbol; parto reconociendo eso. Nunca fui un gran jugador, pero siempre he considerado que es un deporte extraordinario en dimensiones múltiples. Es un juego muy completo: exige capacidad física, destreza, estrategia, oficio, fortaleza sicológica, compañerismo, constancia. Hay teorías económicas, filosóficas, políticas, históricas basadas en el fútbol. Conozco gente que, incluso, estima al fútbol como una ciencia.
Digo todo esto para que lo que voy a expresar a continuación se interprete considerando desde quien viene.
Bueno, lo voy a decir de una vez: me preocupa el Mundial.
Sí, me inquieta, porque me he dado cuenta de que una porción gigantesca de chilenos entraremos en los próximos días en una suerte de "trance futbolero". Todo va a ocurrir para y por el fútbol. Tendremos la mirada extraviada y en nuestra cabeza solo rondarán imágenes como el pase gol de Alexis o la tapada de Iker Casillas que impidió el triunfo chileno. Cuando nuestra señora nos llame por teléfono y nos diga "oye, voy subiendo a pasar a buscar a los niños al colegio", nos va a nacer decirle "ya, pero ojo con subir tanto, igual tienes que bajar rápido si hay un contragolpe". O si nuestros hijos discuten por ver a quién le toca darle la comida al perro, puede que nosotros les digamos "niños, no importa a quién le toca, lo importante es tocar, tocar siempre, toque, toque, toque, es la única manera de mantener el control de la pelota... y el control del partido".
¿Entienden a lo que me refiero?
Si a eso le agregamos que un grupo no despreciable de la élite pensante y pujante del país se va dos o tres o cuatro semanas a Brasil, ocurrirá que Chile se va a transformar en una especie de pueblo fantasma o de tierra de zombis, en que todo parecerá normal, pero será una mera fachada, porque todos los seres vivos que andarán en metro, caminarán por las calles y se sentarán frente a un computador, en verdad tendrán su cerebro en otra parte.
Pero en un lugar clave de Santiago las cosas estarán como siempre, como si no hubiese Mundial. Y los que habitan ese lugar no solo estarán trabajando con la normalidad de una época sin fútbol, sino que, más aún, aprovecharán que el país será una tierra de zombis para avanzar sin transar con sus planes. ¿De qué lugar estoy hablando? De La Moneda, pues. ¡Obvio!
Es que en Palacio yo no veo verdadera pasión futbolística. No me imagino a la Presidenta, ni a Peñailillo, a la Ximena Rincón o Elizalde o a la jefa de comunicaciones abducidos por el Mundial. No, ellos, más Arenas y Nicolás Eyzaguirre, que son los que cortan y pinchan en el Gobierno, van a estar haciendo su pega mientras nosotros, los seres humanos normales, vamos a estar descerebrados viendo fútbol.
Creo que la situación es grave. Lo suficientemente delicada como para hacer algunos cambios.
1.- Habrá que establecer un sistema de turnos, para que alguien fiscalice un poco al Gobierno durante el Mundial. De lo contrario, pueden pasar varios goles sin que nadie se percate. "El otro fútbol", que se llama técnicamente.
2.- Algunas de las personas que están viajando al Mundial deberán quedarse en Chile para evitar una especie de chipe libre político.
Eso es. Y bueno, si es necesario, yo me ofrezco a reemplazar en Brasil a los que decidan no viajar.