"Como cada día tengo más dudas sobre qué es lo normal y lo correcto en el mundo en que vivo, decidí conocer quiénes son estas personas". Con esta provocadora declaración inicia Isabel Miquel, periodista, con estudios de cine en Barcelona y realizadora de televisión en Canal 13 y ahora en Mega, su inmersión en el mundo de la que a partir de abril de 2007 fue bautizada como "la secta de Pirque".
En aquellos días, una comunidad semi-rural integrada por unas 30 personas fue acusada de enterrar ilegalmente a Jocelyn Rivas Leyton, muerta por una anemia aguda que se desencadenó unos dos meses después de dar a luz a su hija Purísima. Durante tres años la comunidad fue sometida a un proceso que comenzó con acusaciones de homicidio y concluyó, en 2010, con dos condenas leves por omisión de socorro y el sobreseimiento de la líder, Paola Olcese, por demencia expresada en "delirios místicos mesiánicos".
La cineasta parte a contracorriente. No solo por esa lúcida duda sobre la normalidad, sino sobre todo por su reacción ante la rapidez con que el grupo de Pirque fue estigmatizado por los propios periodistas. No es algo extraño. En las salas de prensa siguen siendo favoritas las conspiraciones y las redes ocultas, a pesar de la abundante evidencia de que en muchos casos la verdadera intriga ha sido construida por espesas complicidades entre periodistas, policías y jueces. Hace 14 años, el gran periodista catalán Arcadi Espada mostró los alcances de ese vértigo en el libro Raval, del amor a los niños, sobre una red de pedofilia imaginaria. Es la lección menos aprendida de la historia del periodismo.
Hay una tercera diferencia con el periodismo al uso. Isabel Miquel logró entrar a la comunidad durante los tres años que duró el proceso. Las únicas cosas inusuales que se divisan en sus prácticas son un intenso, casi angustioso, deseo de creer en Dios; una vocación arcaica que los hace admirar tanto la antigüedad como la naturaleza; y, por encima de todo, una decisión de construir un "pueblo sin mal".
El documental va en contra de la tendencia del "secreto revelado", aunque eso no significa que carezca de sesgo. Las imágenes están pobladas de cánticos, flores, niños, árboles, danzas, un mundo pastoral celebrado por su serenidad infantil. Quedan bajo un velo ciertas preguntas -el papel del sexo, las parejas que se cambian, la cantidad de mujeres embarazadas- y en la oscuridad otras más duras, como la fuerte decisión de la familia de Jocelyn Rivas de acusar a la comunidad por homicidio.
Es cierto que la preocupación de Isabel Miquel no va por aquí, sino por responder -¿ante sí misma?- las lacerantes acusaciones en contra de un grupo humano que escogió la diferencia. Su estilo es frontal y directo; difiere tanto del documental "de autor" -que ha hecho de la oblicuidad una moda ya molesta- como de la urgencia del reportaje. Acepta, por el contrario, la ambigüedad de los hechos, que es siempre la materia del buen periodismo y todavía más del buen cine.
Dirección: Isabel Miquel. Con: Paola Olcese, Roberto Stack, Roberto Celedón.
68 minutos.