Entre las numerosas conmemoraciones del Día Internacional de la Mujer y el adelantado debate del salario mínimo, marzo ha quedado marcado por el debate de la desigualdad.
Después del 2011 -que dejó en claro la abismante desigualdad en la educación-, muchos hablan de la necesidad de terminar con la desigualdad. Pero pocos evidencian que esta tiene su origen en el mundo del trabajo, manteniendo a la mayoría con sueldos de miseria y nulas posibilidades de avanzar, y a unos pocos privilegiados con ganancias estratosféricas, pero, además, con libre acceso a la educación, cultura, salud, vivienda y un largo etcétera.
Marzo ha quedado marcado por la evidencia de la desigualdad, porque primero nos abocamos a conmemorar -no a celebrar- el Día de la Mujer, y en distintos ámbitos surgía esta desigualdad.
En el mundo laboral, las mujeres reciben sueldos menores, tienen menos contrato y previsión, viven discriminación por estar en edad fértil y con hijos, se las restringe hasta 19 para no tener que cumplir con el derecho a sala cuna.
Si bien somos casi el 50% de la fuerza de trabajo, también es real que la mayoría de ese trabajo es precarizado y una extensión de la labor doméstica; es decir, cuando se nos inserta en el mundo laboral, se hace sobre la base de la discriminación y se nos mantiene alejadas de los espacios de poder.
Por otro lado, el Presidente Piñera adelantó arbitrariamente el debate del salario mínimo, creyendo que todos recibirían de brazos abiertos su propuesta de aumentarlo a $200.000 y dejando clara su incomprensión de los reales problemas de desigualdad salarial en Chile.
Analizando los datos de la Encuesta Casen, vemos que en nuestro país hay hogares del 5% más rico que tienen ingresos 830 veces superiores que los hogares del 5% más pobre. Un debate de esta magnitud, el Gobierno intentó darlo en solo 48 horas.
La Cámara de Diputados rechazó este proyecto y con eso se abre una invitación para que el debate no sea solo sobre los montos propuestos, sino sobre una política salarial profunda, que termine con esta desigualdad.
Los trabajadores han dicho que quieren debatir, el Parlamento con su votación deja claro que también quiere hacerlo y los empresarios igualmente han demostrado disponibilidad. Solo queda en la cancha la voz del Gobierno.
Mañana, cuando se inicie el debate salarial en el Senado, estará la posibilidad de abrirse a la discusión, aumentar los montos y comenzar un debate serio y responsable sobre la política salarial en nuestro país, que avance en mayor justicia social en tiempos en que el país crece, y en terminar realmente con la desigualdad. Con las voluntades de todos los actores puestas sobre la mesa, queda solo que el Ejecutivo se abra a enfrentar este debate en la profundidad que tiene, y no solo en las cifras.
La desigualdad en Chile se vive en diversos ámbitos, pero no podremos eliminarla mientras no avancemos en soluciones reales que terminen con la desigualdad en el mundo del trabajo, para hombres y mujeres.
Bárbara Figueroa Sandoval
Presidenta de la CUT