La resistencia argentina, desde 2021, a eliminar en el Decreto 457 la mención de un control compartido del Estrecho de Magallanes, no coincide ni contribuye a las buenas relaciones entre ambas naciones. Además, a pesar de la ineficacia jurídica, el aludido decreto abre espacios a exageradas reacciones y críticas de sectores de la oposición, que se valen de cualquier situación, con o sin fundamento, para criticar al Gobierno y entorpecer las densas e históricas relaciones con el país trasandino, y su inmenso potencial.
Conforme al derecho internacional, un decreto, declaraciones unilaterales y más todavía las ambiguas declaraciones de un general y de un almirante, no pueden alterar en lo más mínimo lo convenido en tratados internacionales, en este caso, en el Tratado de Límites de 1881 y el de Paz y Amistad de 1984, que reconocen la soberanía chilena sobre la totalidad del Estrecho de Magallanes.
A la vez, resulta lamentable y mezquino que los que critican la gestión de la diplomacia nacional pretendan restar mérito o ignorar la declaración del Presidente Javier Milei, en conjunto con el Presidente José Antonio Kast, que señala: “Ambos Presidentes coincidieron en que el régimen jurídico del Estrecho de Magallanes es el establecido por el Tratado de Límites de 1881 y por el Tratado de Paz y Amistad de 1984, instrumentos que se encuentran plenamente vigentes y revisten carácter definitivo para ambos Estados, y que establecen la soberanía de la República de Chile sobre la totalidad del Estrecho”.
Habría que recordar el pésimo estado en que el Presidente Kast recibió del expresidente Boric las relaciones con Argentina, desaprovechando las oportunidades del Tratado de Paz y Amistad de 1984, suscrito por los Presidentes Alfonsín y Pinochet, que abrió una nueva etapa para las relaciones bilaterales.
El Estrecho de Magallanes no solo es una vía marítima de conexión con Argentina, el Atlántico; también lo ha sido y debe ser entre Punta Arenas y las islas Malvinas, independientemente de la disputa por la soberanía de las islas, sobre las cuales Chile apoya la reclamación argentina de su soberanía desde 1960. De los servicios marítimos desde Punta Arenas a las Malvinas provinieron hace más de dos siglos las ovejas que fueron decisivas para el desarrollo de la Región de Magallanes. La diplomacia debe encargarse de restablecer la histórica conexión marítima que está dañando injustamente a los pueblos de Magallanes y Malvinas. Eso nada tiene que ver con apoyo a la explotación petrolera contra la que reclama Argentina.
El Estrecho de Magallanes no debe ser utilizado para separar a Chile y Argentina, debe seguir siendo un punto de encuentro entre las dos naciones. Históricos fueron los Abrazos del Estrecho entre los presidentes Julio Argentino Roca y Federico Errázuriz Echaurren, en 1899, conmemorado un siglo después, en el mismo lugar, por los expresidentes Carlos Menem y Eduardo Frei Ruiz-Tagle.