Ninguna nación, y Chile no es una excepción, puede responder actualmente de manera aislada ante las organizaciones delictuales que actúan a escala regional. La cooperación en ese ámbito más amplio que el nacional es indispensable para proteger a los ciudadanos, las comunidades y las familias.
En este sentido, la adhesión de Chile al Escudo de las Américas fortalece la respuesta del Estado frente al crimen organizado y el narcotráfico. Integrarse a este mecanismo voluntario abre oportunidades concretas: compartir información oportuna, mejorar el análisis de datos, capacitar a Carabineros y a la Policía de Investigaciones, y profundizar la coordinación fronteriza. Estas herramientas permitirán identificar rutas, seguir flujos financieros, desarticular cadenas logísticas y llevar ante la justicia a quienes dirigen y financian las bandas criminales.
Actuar unidos implica reconocer que la seguridad de Chile depende también de la capacidad regional para cerrar espacios al delito. Si la información no llega a tiempo ni se comparte, la respuesta queda incompleta. La coordinación debe integrar prevención, inteligencia, investigación criminal, control fronterizo, persecución patrimonial y cooperación judicial.
Chile no debe escatimar esfuerzos para alcanzar este objetivo. Se requieren capacidades técnicas, personal especializado, mecanismos ágiles de colaboración y una evaluación rigurosa de las políticas aplicadas. La experiencia de otros países permite adoptar buenas prácticas y tecnologías probadas, además de evitar errores costosos. Estos aprendizajes deben adaptarse a nuestra realidad, con pleno respeto de la Constitución, las leyes, los derechos fundamentales y la soberanía nacional.
Durante años se creyó que Chile estaba a salvo del narcotráfico y del crimen organizado. La realidad demostró lo errado de ese diagnóstico: ambos flagelos se instalaron en el país sin que lo advirtiéramos oportunamente. ¿Cuántas muertes más de nuestros policías debemos esperar? ¿Cuántos alcaldes más deben ser amenazados? ¿Cuántos secuestros más vamos a tolerar?
Chile no puede resolver por sí solo un problema transnacional. Debe aprovechar la experiencia y las capacidades de otros países frente a organizaciones que operan en toda América Latina. Juntos somos más fuertes. No permitamos que prejuicios o consideraciones ideológicas paralicen una respuesta firme y coordinada.
La ciudadanía exige acciones claras y contundentes frente a quienes le han arrebatado el derecho a vivir en paz. La acción conjunta de los países de la región ampliará la persecución penal y enviará una señal inequívoca: ningún territorio será refugio seguro para quienes trafican drogas, lavan dinero, extorsionan o corrompen. El Escudo de las Américas es una herramienta concreta para enfrentar, en forma unida y sostenida, una amenaza compartida. Es el primer intento concreto de cooperación regional para combatir el crimen organizado y el narcotráfico. Chile no puede quedarse al margen.
Eduardo Frei Ruiz-Tagle
Expresidente de Chile