Señor Director:
El cabo segundo Cristopher Aguilera tenía 30 años y una familia a la que no volverá. Fue asesinado durante un patrullaje preventivo en Lo Espejo por un extranjero en situación migratoria irregular. Murió cumpliendo la tarea que todos esperamos de Carabineros: protegernos.
Su muerte obliga a mirar con mayor seriedad las herramientas que el Estado necesita para enfrentar la delincuencia y hacer cumplir las expulsiones. Detrás de esas discusiones hay barrios que esperan seguridad y funcionarios que arriesgan la vida para entregarla.
El Gobierno hace bien en insistir en fortalecer esas herramientas. Quienes discrepan en el Congreso deben ofrecer alternativas que permitan resolver el problema. La diferencia política no puede convertirse en una excusa para postergar respuestas.
Acompañar a Carabineros en el duelo importa. Respaldarlos cuando se legisla también. A quienes les exigimos salir a protegernos, les debemos mucho más que condolencias.
Arlette San Martín