La pomposa cumbre entre el Presidente Donald Trump y el líder chino, Xi Jinping, en Washington, proyectó la imagen de un mundo dominado por dos líderes cada vez más poderosos. Pero en realidad, ambos mandatarios están cada vez más débiles.
La popularidad de Trump se ha desplomado a un promedio del 37%, según las últimas encuestas. El aumento del costo de la vida, la guerra en Irán y la violencia de las redadas migratorias le están restando respaldos clave para las cruciales elecciones legislativas del 3 de noviembre.
Trump, que hoy controla los tres poderes del Estado, corre un serio peligro de perder la Cámara de Representantes. Y las encuestas sugieren que incluso podría perder el Senado, algo impensable pocas semanas atrás.
A esto hay que sumarle que, tradicionalmente, el partido opositor casi siempre gana las elecciones intermedias en EE.UU.
Si Trump pierde una o ambas cámaras del Congreso, le será difícil mantener la lealtad incondicional del Partido Republicano. Con 80 años a cuestas y sin opción legal de ser reelecto, una derrota lo convertirá a los ojos de sus propios partidarios en un presidente “pato rengo”, que está de salida.
Trump confiaba en que la cumbre con Xi en la Casa Blanca le ayudaría a mejorar su imagen interna, mostrándolo como un líder fuerte y respetado por el principal rival de Estados Unidos.
Pero su decisión de vetar a los periodistas de CNN, MS Now y Politico de la Casa Blanca le aguó la fiesta. Todas las grandes cadenas de televisión —incluso Fox News, que suele apoyarlo— boicotearon la cobertura de gran parte de la cumbre, en protesta.
El resultado fue que casi nadie en Estados Unidos vio la cena de gala ni las imágenes del primer día del encuentro. Al día siguiente, Trump dio marcha atrás y dejó entrar a los medios censurados, pero la cumbre ya estaba terminando.
Xi también necesitaba del teatro político de la cumbre para consumo interno. La economía china está mal, y su gobierno ha sido sacudido por varios escándalos de corrupción.
Según el gobierno chino, la economía crecerá un 4,3% este año, muy por debajo de las tasas del 10% de principios de siglo. Sin embargo, muchos economistas creen que China está maquillando sus estadísticas y que el crecimiento económico será bastante menor.
Logan Wright, un analista financiero de Rhodium Group especializado en China, estima que el crecimiento real del país este año probablemente será cero, según el diario Wall Street Journal.
La crisis inmobiliaria ha hecho caer en picada el precio de los apartamentos, y las familias han recortado drásticamente sus gastos en restaurantes y todo tipo de bienes de consumo.
El desempleo juvenil urbano se ha disparado al 19%, según cifras oficiales. Y China tiene un problema demográfico mayúsculo: con tasas de natalidad cada vez más bajas y un porcentaje cada vez mayor de ancianos, el gobierno enfrenta crecientes dificultades para sostener su sistema de pensiones.
En el plano político, Xi también tiene sus problemas. Pocos días antes de su viaje a Washington, la prensa oficial china anunció la expulsión del Partido Comunista del general Zhang Youxia, el militar de más alto rango del país, por presunta corrupción.
La cumbre terminó con gestos simbólicos —dos osos panda regalados por Xi y un águila de bronce obsequiada por Trump—, pero pocos acuerdos. Uno de los pocos resultados concretos fue la extensión hasta el 10 de enero de la tregua comercial que existe entre ambos países, tras el aumento de aranceles ordenado por Trump y las contramedidas de China.
Pero si ambos líderes esperaban que las imágenes de la cumbre con desfiles militares y aviones sobrevolando les ayudaran a apuntalar su imagen interna, Trump se disparó un tiro en el pie al tratar de censurar a la prensa: la cumbre pasó casi desapercibida para gran parte del público estadounidense por el boicot televisivo.
Xi, en cambio, no tuvo ese problema: su régimen maneja la televisión a su antojo, y transmitió el encuentro con bombos y platillos.
El hecho concreto es que ambos necesitaban oxígeno publicitario para disimular sus problemas en casa. Pero uno de ellos, Trump, no lo recibió por un berrinche infantil contra la prensa independiente.