Señor Director:
Si la práctica del rodeo chileno constituye de por sí un maltrato animal, como lo asevera el señor Yarur (carta del sábado), y si por ello debe prohibírsele legalmente, a pesar de todas las medidas adoptadas para evitar que ello ocurra, preciso es concluir —de acuerdo con dicha opinión— que son cientos de miles entre nosotros los crueles “maltratadores”, quienes dan vida a esta tradición popular campesina.
De seguir este urbano juicio, se habrá reinstalado una fractura social más en el ciento ya existente, configurada por los buenos tratadores de un lado versus los crueles maltratadores por otro.
Observado esto con mejor discernimiento, se aprecia como una arista que viene a reanimar una más amplia, vieja y profunda: la que existe entre la mentalidad, psicología y cultura de nuestro mundo rural y aquella que anida en el mundo urbano, siempre atento a tragarse como esponja toda suerte de modas extranjeras.
No sabemos cuánto conoce de rodeo el señor Yarur, de costumbres y tradiciones campesinas y de los ambientes de alegría y fiesta que envuelven con sobria sencillez las reuniones de nuestras familias de campo. En este sentido, siempre será bueno recordar al compositor Patricio Manns en aquello de “qué sabes de cordillera, tú que naciste tan lejos...”.
Luis Valentín Ferrada V.