El peso chileno ha tenido una importante caída en las últimas semanas. Desde fines de agosto, el valor del dólar se ha incrementado en casi 50 pesos, en un contexto donde el cobre ha aumentado marginalmente. La pérdida de valor de nuestra moneda ha sido similar a la de otros países de América Latina: parecida a la del peso mexicano, menor a la del peso colombiano y mayor a las del real brasileño y el sol peruano.
La principal causa de este fenómeno es la fuerte alza que están experimentando las tasas de interés en Estados Unidos y en otras grandes economías. El dinamismo norteamericano y algunas dudas sobre su fortaleza fiscal han generado un fuerte incremento en el costo de financiamiento en ese país, no solo refrendado por el reciente aumento de la tasa de interés por parte de la Reserva Federal, sino también por el mercado a lo largo de los diferentes plazos en los cuales se endeuda el gobierno. Así, las tasas de interés en los bonos del Tesoro a 10 y 20 años han alcanzado sus máximos en dos décadas.
Este incremento de la rentabilidad de los bonos públicos en Estados Unidos genera un mayor atractivo para invertir en ese país. Ello, junto con una sorprendente estabilidad en las tasas de interés en Chile —las que podrían estar reflejando un cambio en la composición de los portafolios de las AFP hacia bonos de largo plazo, como consecuencia de las últimas modificaciones regulatorias—, hacen que el diferencial de rentabilidad sea hoy históricamente bajo, lo que presiona aún más nuestra moneda.
De ser válida esta hipótesis, surgen dos reflexiones importantes. Mientras la economía chilena no dé muestras de una recuperación sostenida, la fortaleza de Estados Unidos continuará presionando a un menor valor de nuestra moneda. Por otra parte, en la medida en que las nuevas regulaciones generan una artificialmente alta demanda por instrumentos de largo plazo de deuda pública y privada, existirá una fuerza que inhibirá las tasas de largo plazo, incrementando con ello la presión cambiaria alcista.
Así, todo indica que las fuerzas que mantienen débil el peso persistirán por un tiempo. Esto es complejo para el manejo del Banco Central, que en las circunstancias actuales podría, en teoría, considerar una política monetaria más expansiva, teniendo en cuenta la debilidad de la economía. Sin embargo, la amenaza de una mayor depreciación del peso y de su consecuente impacto inflacionario, es lo que posiblemente lo mantiene restringido de desarrollar una política más procíclica.