“Un Estado no puede delegar en otro su capacidad de decidir sobre aquello que considera fundamental para su destino”, sostenía Charles de Gaulle, un gran estadista. A su vez, la búsqueda de una mayor autonomía pasa por elevar la política exterior a la condición de política de Estado. Esta debe entenderse como el conjunto de principios y orientaciones a través de los cuales un país, en la defensa de su interés nacional, construye su inserción internacional, trascendiendo los ciclos electorales y los cambios de gobierno.
Dicho de otro modo, el interés nacional debe anteponerse a las contingencias propias de la coyuntura política mediante una acción en el ámbito internacional que se caracterice por su continuidad estratégica.
Una política exterior de Estado así definida debe sustentarse en un consenso básico entre las principales fuerzas políticas, más allá de las preferencias ideológicas particulares, las disputas domésticas y los avatares de la coyuntura.
Mientras mayor sea el consenso interno, más sólida será la imagen internacional del país. A ese consenso deben concurrir las principales fuerzas políticas, pero también las organizaciones de la sociedad civil, las regiones, la academia, la intelectualidad. Para Chile, cuyo desarrollo está estrechamente vinculado a su inserción en el mundo, la imagen que proyecte es de la mayor importancia.
Consenso no implica inmovilidad. Las estrategias y los instrumentos deben adecuarse permanentemente a los cambios del escenario internacional, especialmente en un cuadro como el actual, sujeto a transformaciones rápidas y profundas. El Presidente de la República y la Cancillería son los encargados de liderar la acción exterior del país frente a estas realidades globales y vecinales.
Chile puede exhibir una respetable trayectoria de política exterior basada en los principios básicos del derecho internacional: no injerencia, solución pacífica de los conflictos, apoyo al multilateralismo. Gobiernos de muy distinto signo político han mantenido esa práctica que se transformó en tradición. Hay buenos ejemplos de ello. Entre otros, la posición chilena en el Consejo de Seguridad frente a la invasión a Irak o el amplio consenso de todas las fuerzas políticas para enfrentar las controversias en la Corte Internacional de La Haya con Perú y Bolivia.
Esa tradición de independencia y unidad le ha dado a Chile un prestigio internacional que va más allá de su condición de país pequeño a nivel global, intermedio en el plano latinoamericano. Esa política nos ha dado respetabilidad y ha sido la base del “liderazgo conceptual” que se le reconoce a nuestro país.
El escenario actual está marcado por la intensa disputa entre China y los EE.UU. La política exterior de Estado implica mantener las positivas relaciones con ambos sin subordinarse a ninguno. No es fácil, pero tampoco imposible. Chile tiene la ventaja de una relación diversificada que le permite practicar una política de mayor autonomía estrechando además relaciones con otras potencias emergentes.
Chile tiene muchos de los recursos que el mundo necesita urgentemente: metales críticos, energías renovables, alimentos saludables, biodiversidad, territorio. Su valorización dependerá en gran medida de la capacidad para generar acuerdos durables. Entre ellos uno central es el relativo a la política exterior.
Se requiere un diálogo amplio para concertar posiciones en temas de gran relevancia, como la defensa de la democracia, la recomposición de un nuevo orden internacional basado en reglas y los principios esenciales del derecho internacional, el enfrentamiento al cambio climático, el impulso a nivel regional y muy especialmente con nuestros países vecinos de nuevas formas de cooperación e integración.
La inédita interpelación al canciller, prevista para el próximo 28 de septiembre, tiene naturalmente riesgos. Un diálogo respetuoso sobre las orientaciones fundamentales de una política exterior de Estado puede colaborar a que sea una ayuda para la mantención de la unidad y para crear el ambiente que facilite los acuerdos para enfrentar las dificultades del escenario internacional. Todos debemos entender que en este ámbito Chile debe ser el único ganador.
Alfredo Moreno
Excanciller
Carlos Ominami
Exministro, exsenador