Señor Director:
A propósito de la carta del día miércoles sobre este tema, a mi juicio la pregunta no es solamente si vale la pena para el gobierno de Kast “comprarse” un seguro fracaso, sino si vale la pena apoyarla aun sabiendo que sus posibilidades eran casi nulas. Esta diferencia en la formulación de la interrogante es relevante porque ocasionalmente se piensa en la diplomacia chilena de forma compartimentada, más que en un todo integrado. Y lo cierto es que las decisiones diplomáticas tienen incidencias de segundo y tercer orden que deben visualizarse y racionalizarse.
Por ejemplo: Chile está postulando a Valparaíso como sede de la Secretaría del Tratado de Alta Mar (BBNJ), postulación que también emerge del gobierno anterior. Esta candidatura requiere evidentemente de apoyo, particularmente del bloque latinoamericano. Y dos de las potencias regionales son México y Brasil, países que apoyaron a Bachelet. ¿Consideró la Cancillería la lectura que dichos países harían ante el retiro de apoyo de la candidata? ¿Mejora nuestra posición de llevar a Valparaíso como sede el no habernos plegado a la candidatura de una connacional? Si bien difícilmente uno puede pensar en una relación lineal, ¿ganamos o perdemos prestigio diplomático con el episodio Bachelet? En el caso hipotético de haberla apoyado, ¿nuestra relación con Estados Unidos habría sufrido alteración? ¿Qué evidencia existe para ello?
En los márgenes de esta carta no quiero aventurarme a dar respuestas a esas preguntas, solo ilustrar que la victoria o la derrota probable no es lo único relevante en el contexto de las decisiones de política exterior y, por lo mismo, no estoy del todo seguro de que cualquier Presidente hubiese tomado la misma decisión que tomó el Presidente Kast.
Guido Larson Bosco
Facultad de Gobierno, Universidad del Desarrollo