No hay otra manera de ver y analizar lo ocurrido con el equipo Sub 20 de Santiago Wanderers sino que como una labor notable.
Los muchachos que lograron el título de la Copa Libertadores y que se plantaron con personalidad en el estadio Santiago Bernabéu ante Real Madrid en la final Intercontinental se merecen todos los elogios y los aplausos. Son, en verdad, un orgullo del puerto. Una Joya del Pacífico más para ser recordada en el himno de los nacidos y criados en esa ciudad.
Algunos de los nombres que brillaron en el certamen regional ya están alternando y buscando su consolidación en el primer equipo wanderino (en franca lucha por ascender), seguramente harán una carrera en el profesionalismo y otros, no se puede saber cuántos, serán figuras relevantes e históricas.
Pero hay que aclarar y advertir que en ningún caso se constituyen como la generación de recambio del fútbol chileno. Y no es porque no exista talento en la Sub 20 del cuadro porteño. Hay. Y mucho: el portero Fabiano Avello, el lateral Cristopher Valenzuela, los volantes Cristóbal Villarroel y Lucas Avendaño y el goleador Christian Silva, por nombrar a algunos, son arcilla fresca que parece ser fácilmente moldeable para que surjan futbolistas de élite para bien de su club y del fútbol chileno.
Sin embargo, no todos llegarán. Ni siquiera la mayoría de los que hoy asoman como precoces estrellas. Porque la evolución de cada uno dependerá de diferentes factores tanto internos como externos que en los albores de sus carreras son imposibles de anticipar. Escasez o desaprovechamiento de oportunidades, malas decisiones personales, lesiones invalidantes, ambición descontrolada por conseguir logros y mala suerte o desatención propia en el desarrollo de la carrera pueden cortar de raíz, y para siempre, el que hoy se observa como el camino hacia la consolidación.
Lo que requieren ahora estos chicos, mientras son observados y aplaudidos, no es el elogio fácil ni menos el sello de nueva piel triunfadora, sino que el espacio para seguir creciendo. Necesitan opciones y también exigencias nuevas, de alta competencia e incluso de postergaciones si pretenden creer que con lo que consiguieron antes de los 20 años les basta para trascender.
Uno de los graves problemas del fútbol chileno, entre varios, es que el “medio” realiza juicios extremos, contundentes y definitivos a partir de situaciones puntuales. Se ensalzan y se entierran jugadores, equipos, entrenadores y generaciones por resultados particulares.
Darle tiempo al tiempo y hacer evaluaciones a largo plazo parece prohibido. Mejor es apostar al todo o nada de una vez. No lo hagamos ahora. Ni con los muchachos del querido Wanderers Sub 20 ni con el resto que está emergiendo. Si lo seguimos haciendo todo igual, lo del equipo porteño será un gran salto para luego caer donde mismo.