Señor Director:
Agradezco la carta que condena la censura, pero al mismo tiempo, y me parece que es lo más relevante de la misiva, cuestiona si omitir nombres basta para proteger la dignidad de quienes se sienten retratados. La objeción es legítima en abstracto, invoca la privacidad y la reputación, y merece una respuesta concreta e invita a la teoría literaria.
Mi novela no relata hechos que ocurrieron. Es un simulacro completo de una realidad que jamás existió, un invento narrativo construido sobre un territorio familiar, no una crónica disfrazada de invención para eludir juicios. Cambiar algunos nombres no fue un gesto de cobardía legal, sino de coherencia literaria, porque los personajes hacen cosas que las personas reales nunca hicieron. Si alguien se reconoce en una situación que jamás vivió, el parecido pertenece tanto a su imaginación como a la mía, y ahí empieza precisamente el problema que denuncia la carta.
Toda literatura que vale algo nace de un cuerpo disponible, una familia, una biografía que sirve de andamiaje. Así trabajaron quienes fundaron la narrativa de este continente, convirtiendo parientes en arquetipos sin pedir autorización. Exigirle al escritor que solo invente mundos sin origen reconocible equivale a pedirle al pintor que jamás use su propio rostro como modelo del retrato ajeno.
La dignidad está protegida por la ley, no por la literalidad de un apellido. La ficción, precisamente porque inventa, no acusa a nadie, describe posibilidades humanas y dolorosamente, a veces, algún lector se ofrece voluntario a habitarlas. De eso se trata la identificación de las audiencias con los personajes que se vuelven hacia el lector para mirarlo a los ojos.
Sobre la responsabilidad que se me exige, la asumo entera, la que corresponde a un autor: haber imaginado con rigor y respetado la verosimilitud interna de la historia. La que no asumo es la responsabilidad ajena de administrar la biografía de quienes prefieren que ciertos capítulos familiares nunca se conviertan en literatura.
Ignacio Santa Cruz
Escritor, productor, actor