Señor Director:
Al analizar la fallida postulación de Michelle Bachelet a la Secretaría General de la ONU, es imposible dejar fuera el rol que tuvo Gabriel Boric en este desenlace.
Aunque existía consenso en que la expresidenta contaba con credenciales suficientes, fue un error no haber coordinado esta iniciativa con José Antonio Kast a meses de su llegada a La Moneda. Una candidatura de esta relevancia requería el respaldo del país completo y un acuerdo de largo aliento, no una apuesta impulsada al cierre del mandato.
La decisión terminó perjudicando a la propia exmandataria. Aquella figura que durante años fue la carta de triunfo indiscutida de la centroizquierda para llegar a La Moneda, vio mermado su capital político simplemente por las prisas y los gustos personales de su propio sector.
José Riquelme Brondi