Ha sido en el Mes de la Patria cuando a un diputado de la oposición se le ocurrió la genial idea de interpelar al ministro de Relaciones Exteriores. Reunió las firmas de otros parlamentarios en pocos días; era ingenuo apelar a la “prudencia” y que renunciaran al espectáculo.
Es una interpelación inédita por lo obvio: la “reserva y el sigilo son importantes en la diplomacia”, como indicaba Hernán Felipe Errázuriz en su columna en la página A 3 de este diario de ayer. Y es curiosa, porque entre los énfasis de la izquierda criolla no se había registrado la preocupación por la soberanía, y en la última década se ha mostrado desconfiada e incluso ha rechazado los tratados de libre comercio.
¿Qué le reprocha la oposición al Gobierno? Los aranceles impuestos por Estados Unidos a una parte de las exportaciones de Chile que aterrizan en el mercado de ese país. Y las imprecisiones —o avivadas— de Argentina respecto de la bandera que flamea en el Estrecho de Magallanes.
Que Trump haya desplegado una agresiva política en todo el mundo para enterrar los tratados de libre comercio y que ya pusiera un arancel de 10% hace un año a productos chilenos, no parece relevante para la oposición. Los honorables interpeladores pretenden que, en una sesión de la Cámara que se transmitirá en vivo, el ministro Pérez Mackenna revele la estrategia que sigue el equipo negociador para revertir la decisión unilateral de Estados Unidos. Sensatez y diplomacia puras.
En cuanto a Argentina, Chile está exactamente en la misma situación desde el 2021: con dos decretos que relativizan nuestra soberanía en el Estrecho de Magallanes, la promesa de que serán revertidos y las declaraciones patrioteras en sus sucesivos gobiernos cuando los problemas políticos enredan a la Casa Rosada (que es, ya lo sabemos, muy frecuente).
El absurdo no termina ahí. Un diputado del Frente Amplio le reprocha al Presidente Kast la afinidad ideológica con Milei, a la que adjudica la mesura en la relación con Argentina. Es probable que no recuerde (o no sepa) que los mentados decretos fueron firmados por los peronistas Fernández. Doña Cristina el N° 256 de 2011 y Alberto el N° 457 en 2021, dos años antes de aquel “Presidente Boric, tengo el orgullo de ser tu amigo y sabes que siempre puedes contar conmigo”. Sobre el tema, no hay una sola nota diplomática entre ambos países, ni antes ni ahora, lo que debe celebrarse, porque el trato con vecinos, cuando se comparten más de cinco mil kilómetros de frontera, no admite exaltaciones.
Más allá de los ajustes diarios que debe hacer siempre el Ministerio de Relaciones Exteriores en su estrategia y comunicación, no es creíble el giro del progresismo de izquierda por la soberanía y el libre comercio.
Es el universo político que se avergonzó de la apertura de Chile al mundo en la era de la Concertación, que boicoteó el TPP-11 y renegó del “modelo extractivista” y la “dependencia global”. El mismo que ha mirado siempre el concepto de soberanía como un resabio del pasado y las fronteras como construcciones autoritarias. Y no debe olvidarse que en años recientes calificó como provocaciones los símbolos de la integridad de la Nación y los monumentos de los héroes que la defendieron.
El peor de todos los oportunismos es la utilización de las relaciones exteriores de Chile, y particularmente con sus vecinos, para avivar la tensión interna. El daño que pueda generarle al Gobierno esa interpelación es menor, frente al riesgo de debilitar la posición del país cuando enfrenta desafíos cruciales.
A los nuevos patriotas no les importa.