Resuena aún la música de la alegre celebración de nuestra Independencia Nacional y de las Glorias del Ejército, institución esta admirada por los chilenos y cuya historia se confunde con la construcción y el desarrollo de nuestra República. Son días de fiesta que inspiran patriotismo y nos traen alegría y unidad, brindándonos la oportunidad para mirar con orgullo el camino recorrido y reflexionar sobre las enseñanzas de nuestra historia, una historia que fue construida sobre victorias y dolores.
El Desastre de Rancagua nos recuerda que hemos conocido la derrota y que de ella debemos tener la humildad de extraer lecciones. La Concepción nos habla del valor, del sentido del deber y del sacrificio frente a las adversidades. Y la Batalla de Maipú nos entrega una enseñanza que conserva plena vigencia: las grandes obras requieren unidad, y esa unidad debe construirse, cuidarse y cultivarse en el tiempo.
Nuestra independencia y la conformación del Chile de hoy es fruto de la unión en torno a objetivos que trascendían las diferencias, las que fueron dejadas de lado y cedieron ante propósitos superiores, como lo han sido la libertad, la paz, la defensa de los intereses superiores de la Nación y el bienestar de nuestro pueblo.
Hoy Chile vuelve a enfrentar escenarios turbulentos. Un panorama económico complejo. Cambian los equilibrios geopolíticos, resurgen conflictos que creíamos superados y aparecen amenazas que ningún Estado puede enfrentar aisladamente. En este entorno la Defensa Nacional solo puede cumplir su labor principal de proteger la soberanía, la integridad territorial y la seguridad de la nación con un país cohesionado, instituciones sólidas y Fuerzas Armadas preparadas y con capacidades suficientes.
Somos un país de paz, pero sabemos también que la paz no se sostiene únicamente en las buenas intenciones. Contamos con el contingente y equipamiento adecuados para asegurar la protección de la soberanía, tenemos convicción de la necesidad de hacer los esfuerzos requeridos para mantener su fortaleza y mantenemos estrechos vínculos con quienes comparten nuestros principios e intereses en base a relaciones respetuosas del Derecho Internacional y la solución pacífica de las controversias.
Pero, por sobre todas estas consideraciones, para enfrentar esta nueva realidad y proyectarnos con éxito al futuro necesitamos recuperar algo todavía más profundo: la voluntad de encontrarnos nuevamente como chilenos.
Una nación no es simplemente un territorio delimitado por fronteras. Es una comunidad que reconoce una historia, un presente y un destino compartidos. Por eso, el pilar fundamental de nuestra defensa es la unidad nacional.
Podemos discrepar y podemos discutir, porque la democracia implica debate y también crece cuando somos capaces de resolver nuestras diferencias. Pero por encima de ellas debe permanecer siempre Chile: su progreso, su seguridad, su libertad y el futuro que queremos legar a quienes vendrán después de nosotros.
Más de doscientos años después de aquel abrazo entre O'Higgins y San Martín que selló una etapa decisiva de nuestra Independencia, Chile necesita otro abrazo. Esta vez, uno entre nosotros mismos.
Las generaciones que construyeron Chile supieron levantarse después de las derrotas, sacrificarse frente a la adversidad y unirse cuando la Patria lo necesitó. Hoy nos corresponde estar a su altura.
Este septiembre hemos reivindicado al general Baquedano, no solo en su estatua monumental, sino que en su mensaje y ejemplo heroicos y así, inspirados en su memoria y la de todos los próceres de nuestra patria, debemos volver a encontrarnos bajo una misma bandera, con la convicción de que ninguna diferencia puede ser más grande que Chile.
Fernando Barros Tocornal
Ministro de Defensa Nacional