Señor Director:
Isaac Asimov formuló hace 75 años sus tres leyes de la robótica: no dañar a humanos, obedecer órdenes salvo que contradigan lo anterior, y autopreservarse sin vulnerar las leyes previas. Aunque nacieron como recurso narrativo, hoy cobran renovada vigencia frente al avance de la inteligencia artificial.
No se trata de aplicarlas literalmente —la IA actual son modelos estadísticos, no robots con reglas fijas—, sino de rescatar su espíritu: que la seguridad humana prime siempre sobre la autonomía del sistema, y que exista supervisión y responsabilidad claras cuando algo falle.
Regular la IA con esa lógica jerárquica no es ciencia ficción: es sentido común urgente.
Francisco Badía Arnáiz